Bifurcaciones: El arte se escribe con minúsculas

Un arte, ya no encerrado en sí mismo, ha sabido escuchar los retumbos de estos desarrollos y ha desvanecido sus límites para poder desarrollar

En las últimas décadas, el arte público se ha consolidado como una de las prácticas más consecuentes del arte contemporáneo. Tal hecho no es transitorio y menos injustificado: las investigaciones artísticas desarrolladas en la esfera de lo público responden a los cambios propios de nuestro pensamiento en muchas de sus disciplinas.

Un arte, ya no encerrado en sí mismo, ha sabido escuchar los retumbos de estos desarrollos y ha desvanecido sus límites para poder desarrollar una serie de investigaciones tejidas dentro de la estructura socio-política que nos delimita.

Este artículo esbozará algunos de los cambios propios de la episteme artística en el siglo XX que han impulsado el desarrollo del arte público y fundamentado el proyecto de Trabajo Comunal Universitario Arte Público: Proyección viva en las comunidades que desarrolla la Universidad de Costa Rica.

Como comenta Thomas McEvilley, en la tradición del pensamiento racional occidental el polo judeo-cristiano (opuesto al greco-romano), secularizado por pensadores como G. W. F. Hegel, Fredrich von Schelling y Karl Schnaase, estableció la convicción de que el progreso es inevitable y providencial, y que la historia “funciona” por su compromiso con ese progreso absolutista. En materia artística estas convicciones enfatizaban una serie de ideologías trascendentalistas bajo el concepto de lo sublime, en donde la inspiración y la intuición asumían los roles protagonistas.

El estereotipo del artista genio que se ubica por encima de la percepción habitual y se separa de la sociedad para recibir el don divino de la inspiración, nace impulsado por una apoteosis del ser: ente heroico, aventurero e innovador, fuerza que construye la última realidad histórica. Por otra parte, sobre el eje de la tradición filosófica, Platón y Kant argumentan criterios universales y sólidos de calidad para todos los tiempos y lugares.

Los juicios de valor correctos se basan en las supuestas correctas percepciones del mundo. Platón lo define como el “ojo del alma” y Kant como la “facultad del juicio” o “facultad del gusto”, ambos conceptos afirman que la calidad es objetiva y universal y que en la máxima expresión del pensamiento se llegará a ella naturalmente.

La episteme artística que se estructurará en el siglo XX parte de la puesta en crisis de estas nociones estéticas: la noción de progreso, el mito del artista genio y el ideal de belleza ya no pesarán en las poéticas dominantes del siglo XX.

El choque entre pensamiento moderno y posmoderno terminará de fragmentar el gran relato de un arte sublime, trascendental y verdadero, producto de seres únicos y geniales.

En el mundo posmoderno una nueva cultura global ha confrontado nuestra forma de ver con las formas de ver de las demás civilizaciones y ha hecho evidente la subjetividad de nuestras formas de comprender el mundo y representarlo.

Esto ha generado múltiples consecuencias, entre ellas las siguientes.  Primero, ha señalado que nuestra forma de pensar no es natural y privilegiada por una deidad metafísica que impulsa el progreso, sino cultural: un mito claro en donde lo cultural se presentó como natural e inevitable.

Segundo, este nuevo periodo de expansión, similar al vivido por la Grecia Alejandrina, ha puesto a la civilización occidental en duda, no sólo por sus diferencias con las otras civilizaciones geográficamente distantes, sino consigo misma, en sus distancias temporales.

Y tercero, la otredad en el seno mismo de lo propio, la inclusión de los discursos otros y de lo diferente en el seno mismo de la sociedad occidental. Feminismos, teoría Queer, discursos gay, transgénero, de las minorías raciales y étnicas, multiculturalismo, identidad, todos ellos señalan el contexto plural sobre el cual la práctica artística contemporánea está siendo realizada y el terreno ideal del arte público: convergencia de múltiples y diversos sujetos y saberes.

Desde el Trabajo Comunal Universitario Arte Público: proyección viva en las comunidades buscamos promover una serie de proyectos artísticos (desde la plástica y la arquitectura) articulados con un trabajo social de diagnóstico y de desarrollo cognitivo que promueva la participación de los individuos en el marco comunitario.

Para esto muchos mitos tienen que ser dejados atrás, los artistas tienen que comprender los límites de sus competencias y reconocer que la práctica artística no puede seguir encerrada en sí misma ya que corre el peligro de morir como pura mercancía.

Para ello tenemos que articular una serie de investigaciones que sepan nutrirse y complementarse con otras disciplinas, que encuentren objetivos comunes y que a partir de un trabajo en conjunto pueda producir la mayor cantidad de beneficios posibles para la sociedad. Es por eso que los artistas debemos aprender a escribir el arte con minúsculas.

 

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