Carta a don Jorge Sánchez

Como nos duele su partida. Nos duele porque desearíamos que personas como usted sean inmortales.

Estimado don Jorge:
Como nos duele su partida. Nos duele porque desearíamos que personas como usted sean inmortales. Nos duele porque sabemos que usted tenía mucho todavía que enseñarnos. Nos duele porque no nos pudimos despedir. Nos duele porque las aulas de la Escuela de Zootecnia no serán las mismas sin usted. Nos duele porque la muerte es misteriosa y nos asusta.
Nos quedan, sin embargo, muchos buenos recuerdos y experiencias, y la vida se trata de eso. Gracias a usted, muchos de nosotros realmente llegamos a amar nuestra profesión, porque al pasar por sus clases, no solamente aprendimos acerca de nutrir a los animales, sino que también aprendimos acerca de nutrir el alma. Aprendimos a ejercer la Zootecnia con ética, con entrega y con cariño, y sin darnos cuenta, aprendimos a ser mejores seres humanos. Porque usted nos ayudó a crecer como estudiantes, como profesionales y como personas, y se alegró de cada uno de nuestros logros académicos y personales. Porque usted no solo fue nuestro profesor, fue nuestro mentor, nuestro amigo y para algunos hasta nuestro padre. Usted nos vio llegar pollitos al curso de Nutrición Animal, dirigió nuestras tesis con paciencia y cariño, nos vio graduarnos con orgullo, y nos ayudó a conseguir nuestro primer trabajo. En lo personal, se alegró de vernos hacer nuestras familias más grandes, vio nacer y crecer a nuestros hijos, a algunos incluso les puso apodo, y se alegró también por sus logros. Sufrió con nosotros nuestras pérdidas y desaciertos, pero siempre nos dijo que teníamos que ser personas de fe.
El Padre cuando se refirió a usted en la misa lo describió con estas palabras: una persona al servicio de los demás. Y creo que no pudo haber buscado una mejor manera de describirlo. Usted se entregó a la academia, a la investigación y a cada uno de nosotros con el afán de vernos crecer y ser mejores cada día. Me parece que es uno de los objetivos más nobles en la vida y le estaremos en deuda por eso eternamente.
La Escuela de Zootecnia sufre una gran pérdida, porque no pierde solamente a su Director, sino que también a uno de los profesores más queridos, con una calidad humana como ya quedan pocas. La Escuela tendrá que reagruparse y reestructurar, no para llenar el vacío que usted deja, porque ese vacío no se puede llenar, es insustituible. La Escuela lo tendrá que hacer para honrar su legado día con día, y continuar con esa visión de Escuela y Universidad que usted nos deja. Le prometo que seguiremos trabajando “con la camiseta puesta”, como usted decía, para impulsar a la Escuela hacia un mejor futuro.
A doña Marta, su querida hermana, con quien compartió miles de experiencias y fue su alma gemela, nuestras más sentidas condolencias. Ella tendrá siempre la puerta abierta de la Escuela de Zootecnia y será bienvenida todas las veces con los brazos abiertos.
Hasta pronto, querido don Jorge, descanse en paz, lo queremos mucho y lo vamos a extrañar. ¡Nos reencontraremos de nuevo algún día!

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