Chile no fue una anécdota

Para ser un país situado en América Latina, otro Chile parió obreros especiales. Organizados en sindicatos, y activos en ellos, casi un 38%. Y

Alguna prensa local dedicó espacios para recordar el 11 de septiembre chileno. Principalmente entrevistas en las que el periodista no sabe qué preguntar, porque no se ha informado sobre el tema. Cada existencia personal soporta y transporta, con tensiones y altibajos, los fantasmas heredados y también los que ha producido individualmente. Esto es universal y no puede evitarse. Pero existen cargas espectrales que en ocasiones resultan menos apropiadas que otras para caracterizar y comunicar procesos. Se recuerda Chile. Pero existen muchos Chiles y casi siempre desencontrados. Por ejemplo, el de las mujeres populares de La Bandera y La Legua, dos sectores de Santiago. O las mismas mujeres, pero de Traiguén y Lota. Las que recuerdo solían ser tenaces hasta la fiereza y generosas con los hombres de mierda que les habían, o habíamos, tocado en suerte o en desgracia. Y duras, pero al mismo tiempo sabias, con sus chiquillos y con los de quienes no tenían tiempo para atenderlos, resguardarlos y escucharlos. Contra estas mujeres tenaces y nobles, de pesos corporales desiguales y algunas con bigote, y contra esos chicos, que ellas culturalmente amamantaron para que se propusieran la estatura de seres humanos dignos, se dio el golpe. Uno desde aquí las sueña, las entrevé y las escucha.

Para ser un país situado en América Latina, otro Chile parió obreros especiales. Organizados en sindicatos, y activos en ellos, casi un 38%. Y de este 38%, en 1973,  2/3 aceptaban dirección comunista o socialista, es decir, de clase. El otro tercio votaba principalmente por la democracia cristiana que, en su versión inicial, intentó iniciar una reforma agraria con sindicalización campesina. Lo hacía en el marco de la Alianza para el Progreso. Se asustó de lo que hacía, o la asustaron, y reculó. Tanto fue el miedo y la reculada, que parte de su dirigencia finalizó como llorosa comparsa de los grupos fascistas (uso un término cómodo) y de sus militares criminales. Contra estos trabajadores de organizado puño duro y confianza en sí mismos, a quienes no se pudo sosegar con agua bendita, y contra su movimiento/movilización de más de medio siglo y que crecía entre conflictos, se dio principalmente el golpe. Existen muchas fotografías del bombardeo sobre la Moneda, el “palacio” presidencial chileno, el 11 de septiembre. Pocos documentan que a la Central Única de Trabajadores de Chile se la decretó prohibida 13 días después de ese bombardeo y todos sus bienes, los bienes de los trabajadores, pasaron a propiedad de los militares. Contra la riqueza humana y material de los trabajadores chilenos, organizados y no organizados, con dirigencias burocráticas o inspiradas en sus bases, contra sus embrionarios Cordones Industriales y Comandos Comunales, se dio el golpe del 11 de septiembre. Si se liga este frente con lo dicho acerca de la tenacidad de las mujeres sabias, se entiende que los procesos abiertos por la acción de ese día no se dirigieron únicamente contra un Gobierno, el encabezado por Salvador Allende, sino contra una sensibilidad popular de resistencia, esperanza y lucha inédita en América Latina.

¿Y qué decir de los jóvenes y estudiantes de algunos de esos otros ‘Chile’? Reinventaron para siempre la canción, la pintura, el teatro, la poesía, el grito. En los sesentas lucharon por recrear las universidades, pero no lo consiguieron. Contra esos jóvenes y sus luchas, empeños, amores y esperanzas se dio el golpe.

¿Y de los campesinos empobrecidos, y de los indígenas desagregados, y de los sin tierra ni casa ni empleo de campos y ciudades? Cada cual dio sus luchas y se fajó a muerte. Contra cada uno y todos ellos se dio el golpe de Estado.

El gobierno de Unidad Popular no requería de la feroz violencia desatada por sus enemigos internos e internacionales. En septiembre lucía desconcertado y paralizado. La guerra se dio porque resultaba obligatorio para empresarios, corporaciones e iglesias refundar el país. No tenían cabida en él mujeres corajudas, chicas y chicos alternativos, sindicatos, empobrecidos con atesoradas brasas de dignidad. Contra ellos y ahogándolos de dolor se abrió paso en Chile el primer régimen en el planeta de los neoliberales adoradores del capital planetario.

Hace mucho, sin que se haya desgastado por el tiempo, César Vallejo pidió a los niños del mundo que si la república de España caía, salieran a buscarla. El poeta comprendía que esos niños universales la llevaban dentro.

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