Ciencia y ética, ética y ciencia o ambas paralelas?

Estas tres declaraciones no fueron externadas por activistas del Tea Party ni por ultraconservadores republicanos en Estados Unidos en fechas recientes. Son del Dr.

“Todas  nuestras políticas sociales se sustentan en el hecho de que su inteligencia (la de los africanos) es la misma que la nuestra, cuando todas las pruebas dicen que eso no es así realmente”. “Una mujer debería tener derecho a abortar si los estudios preparto muestran que su hijo será homosexual”. “Los genes responsables de las diferencias de la  inteligencia entre humanos podrían ser encontrados en la próxima década”.

Estas tres declaraciones no fueron externadas por activistas del Tea Party ni por ultraconservadores republicanos en Estados Unidos en fechas recientes. Son del Dr. James Dewey Watson, biólogo molecular ganador del premio Nobel de Medicina en 1962 junto con el Dr. Francis Crick y el Dr. Maurice Wilkins, por haber descrito la estructura de doble hélice del ADN, considerado por muchos el descubrimiento científico más importante del siglo XX, el secreto de la vida.

Al Dr. Watson, por esas declaraciones se le ha impedido desde el 2007 dar conferencias en prestigiosos institutos y universidades y el consejo de administración del famoso laboratorio Cold Spring Harbor en New York, donde laboraba, le suspendió sus actividades administrativas. Pocos días después presentó su renuncia.

El desarrollo de la genética humana en los últimos años ha sido apasionante y no exento de controversias. Varios científicos han sido galardonados con prestigiosos premios incluyendo el Nobel en Medicina o Fisiología, por sus valiosos aportes a esta ciencia. El impacto que han tenido estos descubrimientos sobre todos los órdenes de vida del ser humano han sido impresionantes, desde el diagnóstico de enfermedades, pasando por la medicina forense, la biología, la genética, la comprensión de la interrelaciones entre las diferentes especies que poblamos el planeta Tierra, el desarrollo de la agricultura y la ganadería, la ecología, el uso de fármacos, el estudio del cáncer, las nuevas terapias génicas, la filosofía, la psicología, etc.

Cuando repasamos la historia de los descubrimientos relacionados con el ADN, nos sobresalta la gran capacidad del ingenio humano para responder a las interrogantes que  presentan constantemente la biología y la genética en particular. Iniciando con los trabajos de los físicos teóricos a principios  del siglo XX, Rutherford, Bohr, Schrodinger, este último exiliado en Irlanda durante la segunda guerra mundial, quien teorizó genialmente sobre el origen de la vida y de la herencia siendo físico, dando origen  a lo que hoy conocemos como biología molecular, pasando por Salvador Luria, Max Dellbruck, Linus Pauling, Oswald Avery, entre muchos otros y el denominado “phage group” que se reunía frecuentemente en Europa y Norteamérica, quienes dieron gran impulso a la naciente biología molecular en los años 40 y 50 y son considerados actualmente como los padres de esta disciplina, a los que se unieron el Dr. James Watson y el Dr. Francis Crick posteriormente. El ingenio y la perseverancia de estos últimos científicos junto a la Dra. Rosalind Franklin y el físico Maurice Wilkins, permitió la descripción de la estructura del ADN en 1953, la molécula de la vida.

Pocos descubrimientos científicos ilustran la importancia del trabajo interdisciplinario como este. Ya lo había dicho el Dr. Erwin Schrodinger años antes: la física, la química y la biología deben unirse para estudiar adecuadamente el fenómeno de la vida.

La historia continúa, pero me interesa lo que ha sucedido en los últimos 20 años. Alrededor de la genética se ha desarrollado extraordinariamente la ciencia, pero también ha servido para que las diferentes pasiones del hombre hagan su aparición.

El Dr. Craig Venter, famoso biólogo norteamericano, uno de los responsables del proyecto genoma humano, ha dicho sin tapujos que su fin -además del científico- es fundamentalmente el de vender sus descubrimientos al mejor postor y así lo ha hecho. Ha pretendido patentar sus descubrimientos, cada gene que identifica debería ser de su propiedad y ser vendido a compañías farmacéuticas o a quien quiera y pueda pagar, lo que ha desatado grandes controversias en el mundo científico.

El Dr. Francis Collins, el representante del gobierno de Estados Unidos en ese proyecto y desde 2009 director de los institutos nacionales de salud de Estados Unidos, es un ferviente cristiano, creyente en los milagros y no descarta el origen divino del universo y de la vida.

Muchos genetistas han defendido y defienden el determinismo y el reduccionismo genéticos, lo que tiene connotaciones ideológicas obvias; consideran que en un futuro cercano se podrán crear seres humanos casi perfectos (rubios, de ojos azules, inteligentes…). Otros piensan en la investigación genética como en la búsqueda del santo grial…

Así con la investigación genética, como sucedió con la física atómica, se ha destapado una caja de Pandora que ha puesto en evidencia los demonios -como diría Carl Sagan-  que acechan a los seres humanos y aún a connotados científicos, como son el racismo, la homofobia, el fundamentalismo religioso, la pseudociencia, el mercantilismo… Por eso, las consideraciones éticas siempre deben acompañar a la investigación científica. No solo es importante la investigación científica en sí misma, sino que debe ir acompañada de gran rigor ético por las repercusiones que tiene la ciencia en otros campos fuera del estrictamente científico. Es decir, el buen científico no solo debe ser excelente en su quehacer, debe tener también gran sensibilidad y responsabilidad sociales.

Por eso no estoy de acuerdo con la invitación que cursaron autoridades universitarias y de gobierno al Dr. Watson, para que impartiera una conferencia en nuestra universidad, porque “la tolerancia y el respeto a las diferentes opiniones” tiene un límite, que es la ética. Espero no tener que escribir algo similar si se invitara  a la UCR a los “científicos” estadounidenses que realizaron experimentos con indios y prostitutas guatemaltecas  para probar la infecciosidad de la sífilis, por ejemplo.

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