Confusos y callados

El cambio de opiniones y criterios entre la politóloga Ana Lucía Hernández D. y quien esto escribe genera reacciones curiosas entre ciertos lectores de

El cambio de opiniones y criterios entre la politóloga Ana Lucía Hernández D. y quien esto escribe genera reacciones curiosas entre ciertos lectores de la edición electrónica del Semanario [http://www.semanario.ucr.ac.cr/]. Algunos parecen hastiados por el campo temático (nuevo equipo y dirección en el periódico) y la presencia en él de un factor explosivo: la corrupción que podría existir en la UCR como factor que impulsa una vuelta de hoja en el carácter del semanario. Si se regala la buena voluntad a estos lectores (no existe un buen motivo para dudar de ella), se podría pensar que quizás no han leído entera la trama textual. O quizás la ojearon sin terminar de comprenderla. En su beneficio, realizo aquí varias precisiones.

La politóloga Hernández y el profesor Gallardo sostienen posiciones diversas y encontradas. La primera aboga por el reemplazo de la Directora del semanario, Laura Martínez, y su equipo, y por la revitalización del carácter del medio. Gallardo opina que el actual grupo de periodistas, con medios precarios, hace, bien su trabajo, que él prestigia a la UCR y que de su labor se sigue la necesidad de darle al semanario una fortaleza institucional que impida que cambios de autoridades personales o administrativas decidan su carácter y ejercicio profesional. Esta autonomía es compatible con una evaluación institucional resuelta, no por fuerza ejecutada, por un ente colegiado, el Consejo Universitario.

La corrupción en la UCR es un punto cuya autoría toda corresponde a la politóloga Hernández. La fija en la administración universitaria anterior y liga los cambios que desea para el semanario con la complicidad de éste en ella. Quien aquí redacta solo repite lo que Hernández escribió. He enfocado sus observaciones mediante los conceptos de “feudalización” y “corrupción sistemática” para resaltar su gravedad. No he aceptado ni refutado los ‘hechos’ que presenta Hernández. Ella cuenta con que el Dr. Jensen los hará de conocimiento público: “Confío en que con el primer informe a la comunidad universitaria sepamos cuál fue la verdadera situación en que se encontró la Universidad, y si en realidad “la mesa estaba servida” o servida para quien” (Universidad, Nº 1957). En el mismo texto se mencionan las corruptelas que me he limitado a repetir.

Junto al fárrago que parece afecta a ciertos lectores del semanario, llama asimismo la atención el silencio del equipo de Rectoría, no del Rector, sobre los aspectos discutidos. El Dr. Jensen tempranamente anunció cambios en la dirección del medio. Adujo era un puesto cubierto por un “régimen de temporalidad”. Habló de negociar con una persona “reconocida en el periodismo nacional” para llenar el cargo. Negó que se deseara controlar la independencia editorial del medio o que se le quisiera convertir en una ‘publicación cultural’. Aceptó el reconocimiento que atraía Laura Martínez por su labor en el periódico (LN: 12/06/2012). No dijo palabra sobre complicidad en corrupción ninguna. El Dr. Jensen incluso coincidió con la posición que defiende quien esto escribe: “El Semanario no tiene que estar a merced de la burocracia de las mismas autoridades universitarias, tiene que ser libre en cuanto a su contenido y línea informativa”. Por desgracia su equipo no ha dado ningún paso para blindarlo institucionalmente. Falta de tiempo, quizás.

Sin embargo la densidad de la denuncia sobre actos corruptos hecha por Hernández debió ser comentada por el equipo de Rectoría. Ya se dijo que Hernández hace de ellos el factor central por el que Laura Martínez debe irse. Si no lleva razón en el punto, la periodista Martínez, con su equipo, deberán ser cesados por motivos más sólidos que determinarlos como cubiertos por un régimen que los deja librados a la discreción de las autoridades de turno. Es exactamente lo que declaró no desear el Dr. Jensen. Por el contrario, si la politóloga acierta en sus reclamos quienes deberán cargar con sus responsabilidades exceden con mucho al Semanario que, en efecto, es institucionalmente vulnerable ante las autoridades.

Así va el debate. Sigo inclinándome por la línea actual del Semanario y su profesionalismo. Celebraría como un paso magnífico para la UCR que sus equipos periodísticos, no solo el semanario, dejaran de estar a merced de las emociones de ‘la burocracia de las autoridades universitarias’. Entre las cosas buenas, terminarían este tipo de pleitos. Y confusiones y mudeces se darían en otros campos.

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