Costa Rica, un Estado… mental

Que señalicen las calles y carreteras antes de arreglarlas. Que paguemos los marchamos y que los dineros no sean invertidos en infraestructura vial que

Un amigo mío dice que Costa Rica es un Estado, pero un estado mental; yo adicionaría que es un estado esquizofrénico.
Solamente así puede explicarse uno que nos exijan RITEVE (carros de primer mundo) con el estado lamentable de nuestras carreteras y calles. Solamente así, que se esperen a construir un puente hasta que el anterior caiga en el río.

Que señalicen las calles y carreteras antes de arreglarlas. Que paguemos los marchamos y que los dineros no sean invertidos en infraestructura vial que es el objetivo de tales impuestos.

 

Que caigan piedras encima de los carros en nuestras carreteras, cobrando víctimas y que el culpable sea la madre naturaleza.

Que se pavimente una calle y que vengan las cuadrillas del ICE, del AyA, de la ESPH y de las municipalidades rompiéndolas casi de inmediato, para arreglar lo que debió ser arreglado antes.

Solo así que un presidente inaugure obras públicas y concesionadas sin haberlas terminado y sin haberlas fiscalizado.

Solamente así que se hunda una carretera nueva, concesionada a una empresa privada y que el estado le provea puentes pagados con los impuestos del pueblo.

Que se construyan carreteras de varios carriles y los puentes sean de uno o dos. Que en las carreteras al aeropuerto internacional (nuestro punto más importante de entrada y salida del país y fachada nacional) sea casi imposible transitar. Que exista el “puente de la platina”. 

Que encarezcan los impuestos territoriales y las municipalidades no reviertan esos dineros en obras de infraestructura.

Que falte el agua en las casas en época lluviosa y que las aguas estén sucias, cuando se supone que el agua se usa para limpiar la suciedad.

Que se diga sin enfado que un canciller de la República se excuse de no atender una invasión territorial por “andar fuera del país en cosas más importantes”, y que un vicecanciller ande también fuera del país entre otras cosas para “ver un partido del Real Madrid”. 

Que el ministro de Seguridad sea ciudadano del único país que en la última década nos causa problemas diplomáticos. Un Estado que mostrándose ante el mundo como una democracia sea un estado católico por constitución y que con nuestros impuestos se financie solamente a la Iglesia Católica.

Más patético aún que los padres de la patria se nieguen a discutir la conveniencia de un estado laico.

Que se utilice un sistema de fijación del precio del dólar que por pretender detener la inflación está agotando a los exportadores, desfavoreciendo la apertura de plazas de trabajo, encareciendo el país a los turistas, y favoreciendo la salida de divisas (remesas de dólares al exterior); todo esto en tiempos de supuesta apertura comercial y fallidos tratados de libre comercio.

Un país que está aniquilando las instituciones nacionales que tanto nos han costado y está entregando a la empresa privada la infraestructura construida con dineros del pueblo.

Una ley SENASA sin reglamentos (o haciéndose sobre la marcha) ni presupuesto, que está aniquilando a los pequeños productores agropecuarios que son los que producen prácticamente todos nuestros alimentos.

Que se dicten leyes migratorias que establecen trámites y costos asfixiantes para que los nicaragüenses, que son la base de la mano de obra nacional, consigan sus permisos de trabajo.

Que se aprueben leyes para la protección de las mujeres, sin reglamentación ni presupuesto adecuado para su implementación, que más bien lo que han provocado es un incremento en el número de mujeres asesinadas por sus esposos o compañeros sentimentales.

Que permite a la mayoría decidir sobre los derechos humanos y civiles de las minorías de género y les niegue a estas la posibilidad de decidir sobre su sexualidad y su cuerpo y la posibilidad de vivir y morir decentemente.

Que para compensar la ausencia de un ejército aterrorizando al pueblo, se aprueben leyes sancionatorias, punitivas que logran callarnos por temor a exorbitantes multas (ley de tránsito, ley SENASA) y que de paso promueven la corrupción de todo un sistema.

Un país que en los foros internacionales se jacte de invertir en educación los dineros que no gasta en un ejército pero que tampoco invierte en educación, negándoles la oportunidad a los jóvenes de prepararse para el futuro.  Un sistema educativo que favorece la deserción estudiantil y que permite, por complicidad, que siga aumentando el número de adolescentes embarazadas. 

Que no se impartan clases de educación sexual en la escuela secundaria, porque es pecado hablar de “eso” en pleno siglo XXI. Solamente así que las universidades públicas tengan que regatear el presupuesto necesario para permitir desarrollar infraestructura, permitir el ingreso de más estudiantes, preparar profesores y financiar la investigación que es el motor del desarrollo y la independencia tecnológica de un país.
 
Que apueste su desarrollo turístico en la preservación y la biodiversidad de áreas protegidas y parques nacionales, y que el país entero, sus ríos y sus mares estén saturados de basura y de aguas negras a vista y paciencia de nuestros gobernantes.

Que se oponga al dragado del río San Juan por asuntos de protección ambiental y permita la minería a cielo abierto. ¿En qué país creen nuestros gobernantes que viven y qué pueblo el que gobiernan? ¿Alguno ficticio producto de su febril imaginación?

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