Costa Rica y los derechos humanos

De vez en cuando (para combatir la flaca memoria) los costarricenses deberíamos de hablar de los compromisos inherentes a la Declaración Universal de los

De vez en cuando (para combatir la flaca memoria) los costarricenses deberíamos de hablar de los compromisos inherentes a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU en diciembre de 1948.

Y hemos de hacerlo pues, aunque pretendamos lo contrario, lo cierto es que no son pocas las áreas o las oportunidades en que desdeñamos esos deberes y obligaciones, llegando incluso a presumirse sin razón que somos un Estado para imitar en ese campo.

Así, mientras se desconozcan y menosprecien los derechos humanos convencionalmente acogidos, podríamos pasar a jugar el disparatado papel de predicadores sin conciencia de sus responsabilidades. Hemos de recordar, por lo tanto, derechos que objetivamente no disfrutamos todos los hombres y mujeres de Costa Rica, como el derecho «a la seguridad» de las personas, a la igualdad «ante la ley», «a la libertad de opinión y de expresión»,  «al trabajo», «a la protección contra el desempleo», «a una remuneración equitativa y satisfactoria», «a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses», «al disfrute del tiempo libre», «a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios», «a la educación» donde «el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos»,  que además «favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones…», entre otros.

Y, muy importante en vista de acontecimientos internacionales recientes: «Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados… se hagan plenamente efectivos.»

Por tanto, es deber ineludible de todos los hombres y mujeres de Costa Rica, no solo velar sino más bien promover con ahínco y verdadera conciencia la consecución y el cumplimiento de todos los derechos humanos que forman parte fundamental de nuestra legislación. Debemos los costarricenses reconocer, con entereza y dejando de lado falsas vanidades, que todavía tenemos varias tareas que cumplir en este campo. Que pese a los logros alcanzados, ellos son parciales, por lo que es aún grande la tarea que tenemos por delante en el campo de los derechos humanos.

Luchemos pues por su establecimiento, por su fortalecimiento, por su puesta en ejecución, al tiempo que, como parte del ejercicio pleno de nuestra soberanía, estemos prestos a rechazar, por indebidas y vergonzosas, posiciones internacionales impuestas por los interesados en colocarnos en el disminuido papel característico de las marionetas. Avancemos, esforcémonos por elevar la calidad de vida de nuestro pueblo, pero hagámoslo con dignidad, con decoro, sin tener que avergonzarnos ante el mundo.

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