De guaros, leyes y realidades

Ante la asombrosa cantidad de accidentes de tránsito y de personas que mueren violentamente en las calles (muchas inocentes), una vez más se intenta

Ante la asombrosa cantidad de accidentes de tránsito y de personas que mueren violentamente en las calles (muchas inocentes), una vez más se intenta regular el consumo de licor en los conductores de vehículos motorizados, sin que se llegue a un consenso… Pero cualquier ley o resolución será infructuosa mientras el costarricense no aprenda a conducirse correcta y sensatamente en la sociedad, no cambie su liturgia del guaro ni su abominable prepotencia al volante.

El consumo de bebidas alcohólicas ha existido siempre en los diferentes pueblos de la tierra, pero decía “Rafela” que los costarricenses todo lo resuelven con guaro: toman cuando les va mal o les va bien, cuando gana, pierde o empata, cuando tiene que hablar o callar. Cuando entra el verano o inicia el invierno.

Toma si su mujer se embaraza o le pone los cuernos. Cuando tiene que “llegarle” a una muchacha o sacarla a bailar. Cuando hay turnos o velorios. Cuando la cosecha es buena o la arruina una plaga. Cuando lo abandonan, le sale un “lance” o pare la chancha.

Toda ocasión es óptima para “doblar el codo”, meterse unos “mechazos” y “montarse en la carreta”… Todo con boca de “ahí voy, ¿qué se puede hacer?”

La mayoría de pueblos consumen bebidas “espiritosas”. Los griegos y romanos tenían sus dioses del vino. Cristo convirtió el agua en vino en las bodas de Canaán.

Los carnavales siempre han sido un éxtasis para los beodos. Los aborígenes americanos tenían sus rituales y producían sus propias bebidas alcohólicas y, en Costa Rica, donde todo hay que celebrarlo y aparentar ser los “machitos” o las mujeres más felices del planeta, los abuelos decían que el guaro no era para lavar el “maiz”. Tenemos hasta un himno: ”El guaro blanco es un alimento, yo sólo jumo quisiera estar, cuando me pasa por la garganta como me encanta saber tomar. Oiga mi amigo zámpese un trago de sangre bruja que es lo mejor, no sienten suegra ni sienten pena, que andando jumo ya no hay dolor”… ¿Quién podría entonces resistirse a semejante remedio? Desdichadamente el licor es parte del costarricense como el gallo pinto o la maña de pedir fiado. Pero antes, meterse unos “tapis” era cosa de hombres, hoy las mujeres los están emulando.

Nuestro país tiene su fábrica nacional de licores y no pocos diputados se meten sus “cuerazos“ de “cuando en siempre”, por lo que a menudo se los ha visto “jinetear un trancazo” o dormir una ”cruda” desde sus curules. Y muchos “padres de la patria” han causado serios accidentes de tránsito, aunque no hayan ido a la cárcel.

Algunos ministros han sido detenidos conduciendo en total embriaguez, como una “ranita” gubernamental que sigue en el charco politiquero saltando de ministerio en ministerio… La triste alianza de nuestro país con China comunista (esclavista) se celebró con cerveza por los respectivos jefes de estado y, de cerveza, fue nuestra primera exportación a China… En su campaña política doña Laura cabalgó en los “relajos patronales de Palmares” con una “águila” en su mano (y no practica la cetrería).

La reciente renuncia de una ministra se fraguó con unas copitas de vino –confesó curándose en salud… Y ¿cuál diplomático no aprovecha sus viajecitos para meter al país la botellita de sus amores? Bueno, hasta hubo un presidente que arrancaba su carro así: ¡”ron ron, guaro, guaro, guaro!

Entonces no seamos ingenuos ni fariseos; la realidad es que no hay voluntad ni para crear una ley fuerte y definitiva contra la ingesta de licor, ni para hacer que los ricos y el mismo estado paguen sus impuestos, ni las cuotas obrero patronales, ni para frenar la violencia y la corrupción o mejorar la educación. Y todo porque una gran mayoría de costarricenses de las altas esferas sociales, incluyendo altos funcionarios gubernamentales, evaden impuestos, adeudan a la CCSS, burlan las leyes y son más adictos a las copas que a los libros. Una ley de cero tolerancia alcohólica en los conductores podría dar con más de un “copetudo” a la sombra.

Una decisión drástica requiere de “güevos” y conciencia moral, pero muchos legisladores tienen techo de vidrio, para tirar piedras e imponer medidas impopulares que comprometan su futuro político… Las multas pueden prestarse para “chorizos” y solventar COSEVI, pero no educan ni funcionan cuando las cúpulas no predican con el ejemplo. ¿Para qué leyes si no se aplican parejo al ciudadano común, al de cuello blanco o los “hijos de papi”? Amigos lectores, tristemente, con licencia vencida o al día, el dolor seguirá enlutando nuestras calles, hasta que dejemos la prepotencia, aprendamos la cortesía y respetemos la vida como un bien sagrado.

 

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