De los libros a la gran pantalla: una forma de incentivar (o no) la lectura

A finales de 1890 se da el nacimiento del cine, en manos de los hermanos Lumière. Con el auge del cine, surge la necesidad

A finales de 1890 se da el nacimiento del cine, en manos de los hermanos Lumière. Con el auge del cine, surge la necesidad de buscar nuevas inspiraciones para representar en imágenes lo que se desea transmitir. Entonces, muchos directores y productores optaron por utilizar un recurso que existía desde hace ya mucho tiempo: los libros. Así nacen las adaptaciones literarias al cine y todo lo que traen consigo.

En la actualidad las adaptaciones son muy frecuentes; por ejemplo, la reciente adaptación del clásico literario Anna Karenina, de Tolstoi, dirigida por Joe Wright. Una novela del año 1877 muy poco conocida (en su versión literaria, claro) por gran parte de los jóvenes en la actualidad. Este ejemplo muestra cómo la mercadotecnia del cine influye en la literatura, pues cuando se estrenó la película, las librerías empezaron a lanzar el libro con la cara de la actriz, y las personas se fijaban en esto y no en los méritos literarios e históricos del libro. El éxito de muchas obras literarias radica en la fama de actores y/o la fama del director, dejando de lado la riqueza de la obra.

Una de las realidades de las adaptaciones literarias al cine es que jamás van a complacer a todos, pues las expectativas de un lector son distintas a las de un cinéfilo.

Lo que más influye es la reacción de los fans del libro ante la adaptación; si no les gusta, simplemente será un fracaso, y si les gusta tendrá éxito. Las personas siempre observan más lo negativo que lo positivo. A veces es justificable, como pasó en La vuelta al mundo en 80 días, película del 2004 dirigida por Frank Coraci, basada en el texto de Julio Verne, la cual actualmente se mantiene como una de las peores adaptaciones de la historia, según sitios de cine especializados (Rotten Tomatoes, Metacritic).

Otro caso se presenta cuando la película no es tan fiel al libro, pero resulta ser buena y bien recibida por críticos especializados, como La brújula dorada, adaptación de la serie de libros de Philip Pullman, que a pesar de sus notables diferencias con el libro, es una película muy bien realizada, tanto en aspectos técnicos como en el guion y actuaciones. En un lugar más alto encontramos los libros de El señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, que fueron adaptados en películas por Peter Jackson. Tanto los libros como las películas han recibido aclamación mundial y se ubican en la cumbre de la categoría de adaptaciones cinematográficas. Estos diamantes son muy poco frecuentes, pero cuando aparecen son dignos de admiración y fama internacional.

Una de las ventajas de las adaptaciones es que incentivan la lectura, ya que un joven o adulto, al ver a su actor, actriz o director favorito en cierta película, corre a buscar el libro para conocer mucho más a fondo la historia; todos sabemos que el libro tiene la capacidad de brindar mucha más información y detalles. La popularidad hace que también se incentive la lectura, como sucede con las sagas literarias juveniles, que no poseen gran contenido, aunque estimulan la lectura. Como observación se puede decir que principalmente los jóvenes, se atraen por lo superficial y lo que está de moda, no por contenido verdadero. Vemos cómo muchos jóvenes publican en redes sociales frases de libros o autores que seguramente no han leído y en algunos casos jamás lo harán. Esto solo lo hacen para encajar.

También, el cine puede apartar de la lectura. Esto se da cuando los fans esperaban una película (adaptada de su libro favorito) y es mala. Eso crea enojo y resentimiento, alejando al joven o adulto de la lectura debido a la decepción.

Lo cierto es que no se deben comparar ambas artes. El cine es muy reciente, en cambio la literatura existe desde hace miles de años. Se debe aceptar lo bueno de ambas y tratar de mejorar lo malo. En el cine, los realizadores deben buscar la forma de reconocer obras literarias olvidadas; en la literatura, debe dejarse de llamar al cine como algo negativo y superficial, ya que el cine en cierta forma ha impulsado la fama de los libros.

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