De un tiempo pasado

Sus razones habrán tenido las distintas autoridades mundiales. Tal vez pensaron en el futuro, tal vez visualizaron cuán cuantiosos gastos de salud pública se

Sus razones habrán tenido las distintas autoridades mundiales. Tal vez pensaron en el futuro, tal vez visualizaron cuán cuantiosos gastos de salud pública se ahorrarían, cuántas camas de hospital quedarían libres para otras tantas viejas y nuevas enfermedades, cuán distintos y novedosas maneras de morir podrían ahora sustituir a otras.

Cuando yo crecía era muy usual encontrar que tus mayores se llevaban las manos a su chaqueta y sacaban un cigarrillo para reflexionar. La reflexión yl las ideas sopesadas se asociaban con un cigarrillo como paracaídas. Los chiquillos de entonces disfrutábamos coleccionando las cubiertas de los distintos paquetes de cigarrillos y con un entusiasmo loco registrábamos los diferentes olores que se desprendían de aquel proceso de nuestros padres, amigos o superiores.

Entonces encontrábamos que era normal fumar, fumaban los científicos (como Planck, Heisenberg, Schrödinger, Poncaire, y los tres Curie), los malos escritores y mis escritores favoritos (Jacinto Benavente, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, Jardiel Poncela, Buero Vallejo); fumaban Juan el intrépido, James Bond y Modesty Blaise, Humphrey Bogart (con su elegante manera de vestir) y su increíble compañera y enamorada, Ironside, Mannix, El fugitivo, el Superagente 86, la 99 y el Jefe, los Gorilas de Garrison, el señor Hawoell III, Gardel y también los cantantes de moda, Raphael, Leonardo Favio, la bella Rocío Durcal, Mari Trini, Karina, Raulito el de Topo Gigio y Maricarmen pero no sus muñecos; fumaban, sí, el Presidente de Gobierno, mi padre, mis cuatro abuelos, mis tíos y mis profesores, sea que fuesen curas o no, los amigos de todos, cuando los amigos se encontraban y querían celebrar sus encuentros. Quienes definitivamente no fumaban eran Superman, Batman y Robin, Ivanhoe y sus cruzados, Los vikingos y Erick el rojo, El llanero solitario y Toro, y por supuesto Mr. Ed. Con esto quiero decir que era muy común ese acto social y privado de llevarse un cigarrillo a la boca y expeler unas bocanadas de humo.

Tuve profesores que con toda mi alma recuerdo, sea por sus enseñanzas, por su entusiasmo en la enseñanza y por su entrega sincera a una idea de perfección humana, muchos de ellos fumaban, era corriente que mis profesores dejaran el piso estampado de colillas de cigarrillo; pero en todos ellos, fumadores o no, era mucho más común y notable su manera de enseñar y de decir, su manera indiscutible de dominar un tema y de estar estudiando y actualizándose continuamente; te los encontrabas en sus oficinas y en los cafés, en las bibliotecas y en las librerías, firmando libros o cargando miles de tarjetas bibliográficas, caminando a lo largo de los pasillos discutiendo con sus colegas un tema específico y especial, a veces acompañados de un cigarrillo; pero, siempre indiscutiblemente poseedores de una excepcionalidad humana digna de todo nuestro entero respeto y admiración. Creo que, lastimosamente, la desaparición de esto último es más grave que lo que inicialmente comento y que se perdió no sé dónde ni cuándo, ni cómo, pero sí adivino por qué…

Algunos me cuentan que en la Costa Rica de hoy prohibirían rotundamente a muy ilustres profesores del antaño costarricense la enseñanza colegial, universitaria y hasta en cafés; entre los prestigiosos docentes censurados estarían algunos científicos, matemáticos, físicos, ingenieros, médicos, farmacéuticos y letrados, algunos de ellos considerados hoy incluso beneméritos de la Patria; de modo especial me refieren las imágenes de Láscaris y naturalmente de Teodoro Olarte, pero también de la escritora Yolanda Oreamuno. Por idéntico motivo hoy censurarían a Ortega y Gasset, Azorín y Valle Inclán, Amado Nervo, César Vallejo, Neruda, Freud, Einstein y Schopenhauer, a Hanna Arendt, y a nobeles como Faulkner, Hemingway, Juan Ramón Jiménez, Tagore y Gabriela Mistral; y, a no nobeles como Agatha Christie y Eva Perón. No hay duda que se ha ganado en salud. Pero también no hay duda de que la calidad del tabaco ha cambiado de un tiempo a la fecha. Asimismo ha cambiado la calidad de la enseñanza y la calidad de los docentes y de otros profesionales y servidores públicos; y también han cambiado la sinceridad y el cumplimiento honrado y cabal de las virtudes morales y de los valores humanos sobre la faz de la Tierra.

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