Decadencia en la pintura

En el suplemento Ancora de La Nación (06-01-2013), se publicó el artículo “Yue Minjun: La ironía, tristeza que sonríe”, de Esteban Córdoba Arroyo.Este artículo

En el suplemento Ancora de La Nación (06-01-2013), se publicó el artículo “Yue Minjun: La ironía, tristeza que sonríe”, de Esteban Córdoba Arroyo.

Este artículo sobre el trabajo en pintura de este personaje que se llama Yue Minjun, artista chino, considerado como el más cotizado en la actualidad, expone parte de sus trabajos en la Fundación Cartier para el arte contemporáneo en Paris.

Afortunadamente esta exposición no se realiza en ninguno de los museos de arte franceses, ni de sus galerías profesionales dedicadas a la difusión  del arte, porque si así fuere, estaríamos reafirmando la decadencia total en la pintura, a no ser que el comportamiento del graffiti cuya modalidad comienza a entorpecer nuestra sensibilidad, probablemente debido a una fórmula tomada de ámbitos publicitarios estimulados por la gran nación USA. No hay que olvidar que toda la referencia en ese campo del arte viene de EEUU.

 

Ahora nos encontramos con la figura del pintor caricaturista, con su risa cínica, que pretende hacernos creer que su reflexión sobre el comportamiento de la humanidad y sus problemas puede minimizarse mediante carcajadas satíricas.

El abandono de los problemas circunstanciales en nuestra sociedad, no se solucionan por medio de la risotada, más bien tienden a acentuarse cuando la profundidad de dichos problemas adquiere carácter regional.

No se trata de evadir la situación. Sino de intentar distinguir el carácter de cada situación o problema para poder enfrentarlo, analizarlo, para darle una solución coherente con la realidad que se vive. Por lo tanto, una evasiva mediante la risa, podría al menos transformarse en un problema personal, en un estado psicosomático generando comportamientos clínicos que produzcan enfermedades crónicas que van más allá de la miseria expandida que sí se puede corregir.

Cuando este comportamiento es sobre el sentimiento de equidad, merece recordar que la riqueza la producimos todos y sin pobreza no existiría esa minoría de tagarotes que se viene adueñando del patrimonio regional de las naciones.

En conclusión, en el pasado las sociedades religiosas condenaban la risa, porque la consideraban un signo de libertad, independencia religiosa incontrolable, que renegaba el miedo.

Ahora bien, si la propuesta del artista chino Yue Minjun, es una propuesta de indiferencia con su risa o una actitud evasiva, frente al sometimiento o de venganza, para recordar a las generaciones actuales chinas, que en el pasado sus compatriotas fueron tratados como esclavos, cuando emigraban a otros territorios escondidos en barriles.  En el comportamiento de sus imágenes plásticas, el pintor se burla de todos los oprimidos y de las miserias en muchos países. Nos preguntamos si todavía la esclavitud existe en algunas regiones de China continental y si esto provoca en el artista esas muecas sonrientes e irónicas del ultraje que refleja en su cara multiplicada, como si no hubiera nada que hacer, sino que sonreírle a la generación tagarota actual de cualquier lugar del planeta.

En este panorama del que hablamos, de la ironía sonriente del artista Yuen Minjun, también nos produce disgusto cuando utiliza la pintura de grandes artistas como Francisco De Goya con su cuadro Alegoría del tres de mayo o Eugene Delacroix con su Matanza de Quíos, que el artista Yue los denigra en su contenido, utilizando ese gesto burlón de la risa como si nada hubiera pasado.

Probablemente este pintor desconoce los testimonios histórico-sociales tratados por algunos pintores occidentales y que gracias a ellos se nos ha permitido entender mediante la visualización sentida, el valor intrínseco de esos acontecimientos.

Cuando los artistas nos describen en pintura esas épocas, el arte, como medio comunicador se enaltece al demostrarnos una coherencia humanitaria en los acontecimientos que han venido sucediéndose a través de la historia.

Pero cuando un artista oriental como Yue nos descubre su deshumanización en la pintura, nos preguntaríamos si ese otro artista oriental, también del pasado, como lo fue Hokusai, cuando crea en su obra gráfica ese concepto temático de teatralidad humana coherente consigo mismo, enalteciendo el comportamiento a través del teatro al aire libre, representado en sus grabados.

Entonces es bueno recordar que los hacedores de dinero calculadores pulperos, manejan los mercados del arte sin importar si las temáticas denigran a la humanidad con planteamientos racionalizados, que en este caso parecen avalar la sombría antesala de la muerte.

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