Del terror al miedo

La oposición popular a los programas neoliberales de ajuste estructural (reducción del Estado con énfasis en la inversión social), conocidos como PAE, a principios

La oposición popular a los programas neoliberales de ajuste estructural (reducción del Estado con énfasis en la inversión social), conocidos como PAE, a principios de la década de 1990 en Costa Rica, que arrancó con las protestas campesinas y  la lucha por el  presupuesto de la educación superior en 1991, continuando en su ascenso con la huelga magisterial por las pensiones en 1995, con el Combo del ICE en 2000 y contra el monopolio de RITEVE  en 2002, sólo ocasionó algunos sustos a los gobiernos neoliberales de entonces, los cuales encontraron buenos aliados en líderes principales de esos movimientos sociales, quienes, desde la huelga magisterial de 1995 hasta las protestas contra RITEVE entre 2002 y 2004, una por una, entregaron esas luchas; y lo peor: lo hacían siempre que el gobierno de turno se tambaleaba ante el pueblo indignado en las calles.

Caso distinto sucedió con la lucha contra el TLC con EE. UU., cuando a partir de 2003 las bases de las organizaciones sociales fueron cerrando el cerco a los líderes colaboracionistas, lo cual permitió articular un movimiento popular auténtico a nivel nacional, que estremecería el engranaje neoliberal de dos gobiernos del PLUSC, obligando al aterrorizado presidente Arias a correr en busca de la tabla de salvación, que encontró en la convocatoria al primer referendo de nuestra “centenaria democracia”. (Algunas organizaciones, como el Comité Cívico de Occidente, se opusieron a permitir al “capitán” del barco –que se hundía en las turbulentas aguas del NO al TLC− tomar la iniciativa del referendo, pues el proyecto ya caminaba promovido por las organizaciones sociales opuestas al tratado. El clamor de dichas organizaciones no tuvo eco en la Coordinadora nacional de lucha contra el TLC y los resultados del referendo, llamado por nosotros “frauderendo”, son harto conocidos).

Una vez convocado oficialmente el referendo, a principios de julio de 2007, el movimiento del NO se lanzó a la arena electoral en busca del triunfo, en un campo minado por un bipartidismo con 50 años de experiencia en pasarse la pelota del poder. Y no obstante la franca desventaja, las convocatorias multitudinarias del NO terminaron de aterrorizar a los neoliberales del SÍ, los cuales no vieron otra salida que asustar al votante ingenuo. Para ello, a mediados de 2007, redactaron el “memorando Casas-Sánchez”, mejor conocido como el “memorando del miedo”, descubierto y publicado bajo amenazas por el Semanario UNIVERSIDAD, a solo un mes de la elección.

Como ya hemos dicho, del miedo puede surgir el valor y el empoderamiento de la gente. Pues eso es lo que parece estar sucediendo con aquellos que tragaron miedo cuando los del SÍ amenazaban a los trabajadores con el desempleo, a los campesinos con perder sus tierras o no tener a quién vender su producción, a los medianos y pequeños empresarios industriales con la quiebra ante la virtual caída del comercio con Estados Unidos, al país con la debacle económica y política si apoyaban a los comunistas castro-chavistas comechiquitos del NO al TLC.

Por eso hoy hasta las más amañadas encuestas no pueden ocultar el repunte electoral de los candidatos presidenciales que ayer lucharon contra el tratado del “tigre suelto contra el burro amarrado”, que ya cumple seis años de abonar pobreza y desorden a la otrora próspera Costa Rica. Y mientras el pueblo va perdiendo el miedo a los responsables del caos que vive el país, estos, aterrorizados por la posibilidad de perder sus privilegios, nuevamente insisten en sembrar miedo entre la población menos favorecida, la que besan y abrazan en campaña recolectora de votos, para olvidarla apenas llegan al poder.

Por último, recordar que la burguesía neoliberal criolla, apoyada por el capital transnacional, por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados imperialistas y las cadenas internacionales de desinformación tipo CNN, acudirá a cualquier medio –incluido el de la violencia− para evitar el cambio de rumbo político, económico y social que Costa Rica necesita. Una vez más reiteramos: sólo el control popular sustentado en la experiencia histórica que nos legó el “movimiento del NO al TLC” puede garantizar la voluntad del soberano el próximo 2 de febrero.

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