No estamos en condiciones de señalar responsables, pero sí nos atrevemos a decir que sobre los hombros de los estudiantes de primer ingreso no se puede achacar nada más allá de una cierta falta de compromiso, que bien podría revertirse si desde sus puestos de poder se percibiera la emanación de un sincero deseo democrático y de apertura que sea no sólo discursivo sino práctico. Sin embargo, esto no ha sido así, por cuanto todos los puestos de poder han sido concentrados por un único grupo. Aunque no es culpa de las autoridades electas, en gran medida poseen ellas ahora la oportunidad de combatir esa tendencia hacia la unipolaridad. Sin embargo, no deben perder ni el mínimo espacio de tiempo para poner en práctica su discurso de inclusión y apertura a la diversidad de opiniones, la cual deben ampliar a la diversidad de personas, que es todavía más importante. Han de meditar, sobre todo, que implementar prácticas más democráticas en el quehacer del órgano en cuestión podría debilitar la hegemonía de su propia agrupación y, sin embargo, es ésta su más noble misión y más alto propósito ético, pues ¿qué movimiento estudiantil puede construirse sobre la base del unipartidismo y la unipolaridad? Si saben reflexionar prudentemente, estamos convencidos de que la respuesta a esta pregunta palpitará en el interior de los nuevos representantes electos.
A pesar del resultado, seguiremos luchando durante este semestre en contra del decadentismo sillonero en la Asociación de Estudiantes de Estudios Generales, y estamos seguros de que lo mismo hará, tras una reposada autocrítica, cada uno de los nuevos representantes electos. En esto sin duda, serán nuestros aliados.
Seguiremos sosteniendo que no es apropiada la perpetuación de ninguna fuerza política en la Asociación de Estudiantes de Estudios Generales, por cuanto esto contradice la naturaleza misma de la Escuela de Estudios Generales, hecha para que cada año se realice la propia autorrenovación de todo su estudiantado. La Asociación de Estudiantes de Estudios Generales debe ser patrimonio exclusivo de los estudiantes de primer ingreso y no deben meter allí las manos estudiantes más viejos y curtidos en el movimiento estudiantil, y mucho menos partidos políticos nacionales. Si perdemos estas nobles concepciones, habremos sido derrotados. Si con ellas logramos crear más vínculos y aclarar más mentes, rotunda habrá sido nuestra victoria y mayor será que cualquier votación favorable que se pueda obtener en una disputa exclusivamente electoral.