Desigualdad ante la ley

Sucedió recién en nuestra querida Costa Rica, patria de libertad, paz y felicidad, que un grupo de estudiantes recibieron una invitación

Sucedió recién en nuestra querida Costa Rica, patria de libertad, paz y felicidad, que un grupo de estudiantes recibieron una invitación, por parte de la policía, para abandonar la zona verde de la ahora célebre Rotonda de la Bandera. Dicho grupo de estudiantes realizaba, en la tal zona verde, una carne asada, condimentada con algunas actividades de esparcimiento. El argumento policial, al menos como figuró en la prensa nacional, fue que se les invitó a abandonar la zona debido al hecho de encontrarse en propensión de delinquir, pues cerca se encuentra la bandera nacional y un monumento, no se les fuera a ocurrir faltarle el respeto.

Pero en esta misma Costa Rica, patria de libertad, paz y felicidad, se puede ir al estadio abrigado con la bandera, símbolo nacional, gritar vituperios mientras esta se zarandea al aire, sentarnos sobre el símbolo nacional, chorrearle salsa de tomate o trocitos de chorizo, pisotearla durante la celebración de un gol, y eso está bien, no llega la policía a arrestarnos por el delito de irrespeto al símbolo nacional o a invitarnos que abandonemos el estadio o a decomisarnos las banderas porque ellas conforman un potencial para delinquir.

¿Por qué? ¿Por qué no se arresta a las miles de personas que en actos de evidente irrespeto, según lo que se puede entender del actuar policial, mancillan el símbolo nacional en los estadios? La respuesta es simple y dolorosa: porque el delito no es irrespetar los símbolos nacionales, el delito es enfrentarse al orden establecido con una actitud crítica. Ir a ver fútbol con la típica actitud de una persona aficionada a dicho deporte no suele presentar ningún indicio de criticidad, por el contrario, es un lugar donde se aceptan y ejecutan identidades inerciales estándar brindadas por el sistema de dominación, identidades acríticas a las que un gol les borra cualquier problema.

Así, al finalizar un partido, se puede ir a la fuente de la Hispanidad, invadir el espacio público, ensuciar la calle y dejar inundada de basura la vía pública, pisar la bandera, símbolo nacional, eso se justifica en el furor del momento, ¡hay que celebrar carajo! Pero si vamos a hacer una carne asada a la rotonda de la bandera, con la asistencia de unas pocas personas, cae la policía e invita “amablemente” a abandonar el lugar por “nuestra propia protección”, no vaya a ser que cometamos un delito.

Y es que, a los ojos del estado represivo, ya estamos cometiendo un delito al asentarnos en un espacio público con actitud crítica, estamos afrontando al sistema por medio de la ejecución de un acto racional, eso es peor que el irrespeto a los símbolos nacional o el daño a los espacios públicos. La actitud crítica, hoy llamada irrespeto a las buenas costumbres, es un delito digno de terroristas, en Costa Rica llamados chancletudos, que tienen el peligroso potencial de visibilizar la opresión y la desigualdad. No todos somos iguales ante la ley, en muchos sentidos, pero en este caso, quienes afronten al sistema con una actitud racional desafiante en pro de una autoconcientización con miras a lo externo, son delincuentes en potencia y se les restringe su libertad, quienes se alinean con las identidades inerciales, acríticas y no peligrosas para el sistema de dominación, son ciudadanos ejemplares, aunque bloqueen calles, ensucien la vía pública, dañen bienes del estado, alteren el orden público e irrespeten los símbolos nacionales. A fin de cuentas todo eso se limpia o repara, pero una sociedad consciente que se libere de la opresión es muy peligrosa para las clases dominantes, podrían atreverse a reclamar justicia social, derechos laborales, repartición justa de la riqueza… O lo que es peor, igualdad y cumplimiento de la ley. A esa clase de ciudadanía hay que eliminarla antes de que le causen algún daño a las clases acomodadas que caminan por la abundancia con zapatos de suela de miseria ajena.

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