Don Abel Pacheco, el padre de las tortugas

Las playas Grande, Ventanas, y Langosta representan el sitio más importante mundialmente para la anidación de la especie de tortugas baula (Dermochelys coriacea), del

Congruente con su compromiso como “El padre de las tortugas”, el doctor Abel Pacheco de la Espriella, Presidente de Costa Rica durante el período 2002-2006, autorizó a su Ministro de Ambiente y Energía, el abogado ambientalista, Carlos Manuel Rodríguez Echandi, iniciar en el año 2005 el proceso legal de expropiaciones con el fin de consolidar el Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste.  

Las playas Grande, Ventanas, y Langosta representan el sitio más importante mundialmente para la anidación de la especie de tortugas baula (Dermochelys coriacea), del Pacífico americano, diezmada por el saqueo durante décadas de sus huevos, la pesca incidental y otros factores que apenas ahora, después de más de 20 años de investigación científica,  se empiezan a dilucidar.

    
Este hecho histórico revestido de profundo valor político, no constituye ni el primero ni el único de los muchos aportes que don Abel realiza por las tortugas marinas.  Entonces, Costa Rica recibía de la comunidad científica internacional felicitaciones y apoyo por la creación en 1991 del nuevo parque nacional para las tortugas baula.  Esta complacencia internacional se evidenció en el galardón que el doctor Peter C.H. Pritchard otorgare a la autora en 1992 como “La Conservacionista más Destacada de América Latina”.  En esta oportunidad, desde el Despacho del Viceministro Mario A. Boza y la señora Clara Padilla, su asistente personal,  se organizó una gran celebración en el Hotel Herradura para celebrar el evento.  El mundillo conservacionista en pleno asistió.  Los grandes ausentes fueron el Presidente de la República Rafael Angel Calderón Fournier, y la Primera Dama, doña Gloria de Calderón.  A pesar del flagrante rechazo de la Presidencia, don Abel, ya para entonces Presidente del Partido Unidad Social Cristiana, en el poder, fungió como Presentador durante todo el evento.
 
Me sentí feliz entonces de observar en los puños de su camisa blanca impecable adornada con una corbata roja, azul y blanca, las mancuernillas confeccionadas con los botones de bronce bañados en oro que otrora adornaron el uniforme protocolario de los conductores de la Northern Railway Company.  Habíamos intercambiado regalos como demostración de nuestra profunda amistad.  La autora le obsequió los botones históricos que se convirtieron en las mancuernillas especiales de don Abel y que utilizó preferentemente durante los cuatro años de su mandato Presidencial, obligado entonces a vestir diariamente de gala y con su pelo engominado.  El me obsequió una hoja manuscrita del primer poema de su libro “Más Abajo de la Piel”, con una dedicatoria que sigue siendo una gran verdad: “Nuestra amistad, como los rieles, es desde y hasta el horizonte.”  
    
Ya en agosto de 1992, siendo evidente el rechazo del gobierno del Presidente Calderón Fournier por el recién creado Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste, y la autora destituida como directora de este, quise realizar una última acción a su favor.  Recurrí nuevamente a buscar el apoyo de don Abel, para que me ayudara a concertar una reunión con don Rafael Ángel.  Una mañana de agosto de 1992 don Abel y yo, ambos vestidos elegantemente, ingresamos al Despacho de don Rafael Ángel quien nos recibió con su gentileza y caballerosidad legendarias.  No me invitó a extender sobre su mesa la miríada de documentos y mapas que cargaba para explicarle la situación del parque nacional.  Me dijo simplemente: “María Teresa, a mí me engañaron.  Esas tierras para el parque nacional ya están urbanizadas!” Don Abel y yo salimos del Despacho Presidencial cabizbajos.  Sentí entonces que la espada de Damocles descendía sobre el parque Baulas y mi propia cabeza.  
    
Después de 1993 el Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste permaneció institucionalmente abandonado a su suerte y hoteles y residencias se construyeron en sus tierras,  identificadas en el decreto y la ley creando el parque nacional, pero no expropiadas, sin resistencia alguna por parte de los gobiernos de turno.  Ello cambió en el año 2005 cuando don Mario Boza, los científicos James Spotila y Frank Paladino y la señora Clara Padilla, lograron consolidar, gracias a la investigación de punta, mundialmente aclamada, realizada por Spotila y Paladino et al.  en el parque Baulas, significativas y leales fuentes financieras.  Con éstas en mano, el Presidente Pacheco de la Espriella y su Ministro Rodríguez Echandi, iniciaron  la consolidación territorial del parque Baulas.  No fue fácil y primero tuvieron que vencer las fuertes presiones del sector turismo representadas ante don Abel por su Jerarca, el señor Rodrigo Castro.  Al menos tres reuniones muy difíciles se celebraron con ambos jerarcas, del MINAE y de Turismo, cada uno representando intereses opuestos. Don Abel mantuvo una posición inquebrantable en apoyo a la posición del MINAE, que culminó en el año 2005 con el inicio de la consolidación del parque nacional por medio de las expropiaciones de las tierras identificadas en su ley de creación.
    
Anterior a esta histórica y profundamente valiente decisión política, don Abel Pacheco, y su hermosa compañera de vida, doña Leila Rodríguez, acompañados de su pequeño hijo Fabián, viajaban durante el último quinquenio de la década de los 80  por la serpenteante carretera vieja a Limón, la SAOPIN, bajo furibundos aguaceros que se lanzaban por las grietas abiertas por los rayos con cinceles eléctricos en el firmamento.  Don Abel, doña Leila y Fabián eran capaces de soportar durante los cuatro Festivales de Liberación de las Tortugas Marinas, con gran estoicismo, el inclemente sol del mediodía en las playas limonenses, en ocasiones tan despiadado y tenaz que hasta los payasos de Diques Tiquis caían abatidos desde la altura de sus zancos.    
    
Cada Festival de Liberación de Tortugas Marinas aportó una primicia de educación ambiental sobre tortugas para el pueblo limonense. Para todos ellos, dedicábamos, el joven voluntario Carlos Sandí Chinchilla y la autora, al menos dos meses visitando las escuelas y colegios de Limón y entregando paquetes educativos que incluían extraordinarios afiches sobre tortugas marinas, suministrados generosamente por Marydele Donnely del Centro de Educación Ambiental en Washington, D.C.
    
En el primero de ellos en 1986 en el Parque Recreativo Cariari, mientras don Abel compartía con el público limonense, costarricense e internacional sus creaciones literarias desde el podio, veinte tortugas verde o blanca (Chelonia mydas), rescatadas del matadero de tortugas en Cieneguita y mostrando los huecos del arpón en sus caparazones tratados con violeta genciana por los jóvenes de Greenpeace, nadaban plácidamente en la laguna marina del parque Cariari sellada en sus extremos para esa histórica ocasión. Al atardecer, cuando ya el sol en su imparable peregrinar hacia el poniente se encontraba muy lejos y el aire cargaba oscuras partículas de la noche por venir, las aproximadamente veinte tortugas confinadas en los encierros fueron liberadas en la playita de Portete. Días después, se retiraron los corales apilados que conformaban la pared oriental de la laguna marina, y las tortugas allí confinadas, impulsadas por una tormenta oportuna, regresaron al mar.  

Con estas y otras acciones quisimos demostrar al pueblo limonense que las tortugas marinas valen más vivas que muertas.  Que con muy poca inversión, es posible mantenerlas como especimenes  para la educación ambiental y el turismo.  ¡Y por qué no, crear en el Parque Cariari el primer acuario de tortugas marinas que lleve el nombre del Padre de las tortugas marinas, Abel Pacheco de la Espriella!

 

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