Ecología humana: el gran desafío global del siglo XXI

En el 2004, se reunieron en la Universidad de Princeton (EE. UU.) 53 profesores universitarios de distintas ciencias (filosofía, historia,

En el 2004, se reunieron en la Universidad de Princeton (EE. UU.) 53 profesores universitarios de distintas ciencias (filosofía, historia, economía, psicología, psiquiatría, derecho y sociología) y de diferentes creencias (ateos, agnósticos, hebreos, evangelistas, católicos). Ellos investigaron cuál es la causa del crecimiento en las últimas décadas de la delincuencia, la violencia, los trastornos psicológicos, la expulsión escolar, adicciones, pobreza, apatía y suicidio de jóvenes en EE. UU. En la reunión concluyeron que la causa más profunda de esas realidades está en la falta de amor que padecen las nuevas generaciones, directamente relacionada con el deterioro de la familia y el matrimonio en ese país.

En consecuencia, no basta hoy con reconocer derechos fundamentales al hombre, a la mujer, al niño, al adolescente en forma fragmentada, es decir, concibiéndolos como individuos aislados, porque cada individualismo los reduce y con esta reducción se empobrece realmente el mismo reconocimiento de sus derechos fundamentales. La verdad de la persona humana es que es un ser familiar: hijo, hija, hermano, hermana, padre, madre, cónyuge; una identidad articulada en relación con otras personas.

Es oportuno instalar en nuestra sociedad una reflexión profunda y una acción más concreta, en aras de descubrir el valor estratégico de la familia como bien personal y social fundamental, digna de proteger y promover desde el gobierno pero también desde la empresa y desde las instituciones sociales en su conjunto. El reconocimiento de la familia como bien social presupone el reconocimiento de la familia como bien personal, es decir, que las personas tengan un enfoque vital hacia su familia como una realidad prioritaria en sus vidas.

Por eso, el gran desafío del siglo XXI es la ecología humana, concepto acuñado por Juan Pablo II en su Encíclica Centessimus Annus, de 1991, en la cual expresa: “Además de la destrucción irracional del ambiente natural, hay que recordar aquí la más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención. Mientras nos preocupamos justamente, aunque mucho menos de lo necesario, de preservar el ‘hábitat’ natural de las diversas especies animales amenazadas de extinción (…) nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana”.

Donde se recibe la contención física, afectiva y espiritual básica y el sentido de pertenencia más profundo es en la familia. La ecología humana es, en consecuencia, el cuidado de la persona y la familia; el mejor futuro para una sociedad más humana vislumbra países integrados por familias armónicas, no por individuos en soledad o con heridas de dolor espiritual por rupturas matrimoniales y familiares. Un país sano –con valores y virtudes, sin violencia ni corrupción– requiere una población sana. Una población sana, una familia sana. Una familia sana, matrimonios sanos. Este es uno de los grandes desafíos para el mundo en el siglo XXI.

 

 

 

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