El día después

Hay que recordar que el diablo tiene sus milagros, también. Juan CalvinoMás que la legitimidad, es la mitificación de los procesos electorales de nuestro

Hay que recordar que el diablo tiene sus milagros, también. Juan Calvino

Una vez apagada la efervescencia electoral de los bienintencionados  o oportunistas que buscaban alguna tajada para sus negocios, apagadas las luces de debates desdibujados, y  cuando empiezan  a empacar las maletas, nos queda la pregunta ¿adónde va la democracia?

Más que la legitimidad, es la mitificación de los procesos electorales de nuestro país, lo que alcanza niveles inauditos de autocomplacencia; mediante una perversa canonización a través de las urnas, hacen creer que garantiza y protege un tipo de sistema político llamado democracia; ignorada queda la paridad entre partidos, las intervenciones desiguales de los grupos de facto, entre otros males. Este lapso de 5 meses reúne los elementos más patrioteros imaginables, con ocurrencias y exposiciones oportunistas;  resulta para algunos el ejemplo mundial de la vida democrática.

La pobreza de esta realidad se deja ver y sentir pocas horas después de los discursos de victoria o derrota, según sea el candidato. Estos, acompañados de fanfarrias, expresan sus convicciones; en las calles, ciudadanos dan vítores según su candidato y partido; sin embargo, la participación real en la toma decisiones, la construcción de la gestión de los asuntos de interés público desde el protagonismo de las comunidades, sigue en el descanso de los justos.

Cada 4 años se inaugura un patético “reality show”, donde se despilfarran millones de colones, financiados por los mismos ciudadanos, donde unos concursantes desplieguen sus peores atributos para luchar en rentabilizar un rating electoral. Esta realidad que vive Costa Rica valida una y otra vez, la sensación de la política como espacio para unos pocos.

Valorando lejos de las ocurrencias o réplicas oportunistas, no se planteó con “nombres y apellidos” reformas sustanciales e incómodas para la burocracia actual, para promover y fortalecer la participación protagónica de los y las ciudadanas; no basta las ideas genéricas y cómodas de pobres panfletos; son las estructuras partidarias el mejor ejemplo donde se evidencian la pobre  idea de participación, esquemas jerárquicos, obsoletos y busca votos.

Asistencialismo, clientelismo y otros males conocidos son reflejos de un sistema político y no causa de su desgaste, donde las relaciones entre gobernantes y ciudadanos se plantea como relaciones de dependencia, llena de eufemismos politiqueros de caudillos e iluminados, donde concentran los espacios de toma de decisiones, lejos de la vida y realidad de las comunidades.

Costa Rica seguirá legitimando un sistema político aristocrático, heredado y profundizado por los mismos sectores económico-financieros que han transformado la estructura estatal a su antojo, facilitando el único índice económico concreto del país, la desigualad y su crónico ensanchamiento.

La tarea del día después, recae en la reconstrucción de un sistema democrático, desmantelado por grupos de interés, que mediante la extorsión, saqueo y abuso del poder han edificado una estructura estatal para beneficio del mercado maniatado, donde fomentan sus propios negocios en la esfera pública.

Hace falta un sistema democrático que lejos de delegar poder por parte de la ciudadanía, represente la apertura progresiva de espacios más transparentes, que faciliten la discusión y toma de decisiones en aquellos aspectos que afecta o decida participar por sí misma la ciudadanía. Así el político no será un sujeto con delegación de poder irresponsable, que rinde cuentas según el ánimo del fiscal de turno, sino más bien un funcionario público cuyo fin sea la facilitación de espacios y recursos públicos, para la participación de los y las ciudadanas en la gestión y toma de decisiones de lo público.

Si la democracia llegará a influir en nuestro sistema político, de manera que la participación e incidencia de la ciudadanía legitimara las decisiones y acciones en la administración y control de la gestión estatal, cada 4 años sería un espacio de validación de los retos que como país enfrentamos, además de gestar la rendición de cuentas y lecciones aprendidas, y los años vividos de concursos de popularidad se convertirán en prehistoria del sistema político costarricense.

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