El fracaso de la política social de los Arias

A mucho pesar de lo que diga el aparato propagandístico del gobierno, y aun cuando la gran prensa siga “en otras”, lo cierto del

Casi cuatro años de gobierno de los Arias y los resultados están a la vista: los datos de la última encuesta del INEC, arrojan que los Arias terminarán su gobierno con 64.000 puestos de trabajo menos que en el 2008, así como con 25.000 hogares más viviendo bajo condiciones de pobreza (LN, 29/10/09).

A mucho pesar de lo que diga el aparato propagandístico del gobierno, y aun cuando la gran prensa siga “en otras”, lo cierto del caso es que este gobierno ha sido un fracaso en lo relativo al combate a la pobreza.

¿Qué factores explican ello? La crisis ha puesto en evidencia el fracaso de las políticas neoliberales para acabar con la pobreza. Al margen de la corrupción imperante –cosa de todos los días durante estos 4 años-, la ineptitud de los Arias no es sino una prueba de que mientras más se profundiza el modelo actual, más vacío está el cascarón en el que se encuentran las instituciones de combate y lucha contra la pobreza.

La institucionalidad de la política social anti-pobreza. En buena medida, la política focalizada hacia la población pobre, se financia con los recursos del Fondo de Asignaciones Familiares (FODESAF, creado en 1974). Según la ley, dichos recursos provienen mayoritariamente de un gravamen al 5% sobre las planillas de los salarios que los empresarios pagan a los trabajadores. De ese modo, la política de promoción de las exportaciones, atracción de inversión extranjera directa y privatización y desregulación operada en el país a partir de los años 80, ha transformado de manera sustantiva la composición del mundo del trabajo, que han operado en detrimento de la política social anti-pobreza.

Implicaciones del neoliberalismo sobre el mundo del trabajo. En Costa Rica no solo ha aumentado el desempleo. Al mismo tiempo, el país ha experimentado una creciente informalización de la fuerza de trabajo, que para el 2007 alcanzaba el 35%. Si bien el empleo formal sigue siendo mayoritario, en los últimos años, el ritmo de crecimiento del empleo en condiciones de informalidad, ha sido proporcionalmente mayor en relación con el primero. En 2003, la misma UCCAEP destacó que del 86% de la PEA vinculado con el sector privado, únicamente solo poco menos del 60% lo hacía bajo los marcos de una relación salarial. Datos de la dirección actuarial de la CCSS, indican que durante el período 1999-2008, de cada siete  personas que se incorporaron al mercado de trabajo, únicamente cuatro lo hicieron bajo la protección del seguro de salud y de pensiones.

 Y tras de cuernos palos, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante los últimos meses de 2008 y primeros de 2009, la crisis provocó que el país experimentase un decrecimiento de la fuerza de trabajo asalariada bajo condiciones de protección social.

En síntesis. La vulnerabilidad del empleo formal, el desempleo y la creciente informalidad, han implicado una disminución relativa de la masa de trabajadores asalariados. Con respecto al FODESAF, al margen de los innumerables problemas de corrupción, malos manejos y mala recaudación, existen otros obstáculos de tipo estructural que afectan de manera directa su financiamiento. La disminución numérica de la planilla laboral, aun en el escenario que no existiesen esos problemas, bajo las condiciones impuestas por el neoliberalismo, implica por sí misma, cada vez menores transferencias hacia el FODESAF.

¿Dónde quedan parados los Arias? En ese contexto, los Arias son causa y efecto: mientras la codicia de la clase social a la que representan, ha generado la desigualdad imperante, la pobreza en la que viven miles de hogares costarricenses y el desfinanciamiento de las instituciones de bienestar social; el desempeño errático de su gobierno en materia re-distributiva, nos demuestra que su gestión gubernamental vive bajo los límites que le impone el modelo impulsado por ellos. De ese modo, la viabilidad para la promulgación de reformas alternativas y efectivamente solidarias y progresivas, implica necesariamente poner en tensión el modelo de acumulación bajo el cual hemos vivido en los últimos veinte años. En síntesis: ir al fondo del conflicto de clases que hay en la sociedad.

 

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