El Frente Amplio como un hecho histórico singular

Esos anacronismos se ponen de manifiesto en la discusión que ya dura algunas semanas, dentro de la que destacamos un artículo de Iván Villalobos(“Anticomunismo”

La recurrencia reiterada a algunos componentes de la vieja y excluyente dualidad comunismo-anticomunismo, sobre todo en términos de algunas argumentaciones para referirse a determinados rasgos de la presente coyuntura histórica, dentro de ciertas visiones no exentas de anacronismos de toda clase, significa no sólo un desafortunado y fallido intento de volver a aquel mundo en blanco y negro, tan propio de la guerra fría que libraron durante casi medio siglo Estados Unidos y la fenecida Unión Soviética, sino que resulta ser un gran inconveniente para entender los procesos sociales y políticos del cambio de siglo en que nos encontramos, dificultando su captación desde la perspectiva de su singularidad histórica. Esa es la impresión inicial que nos ofrecen a grosso modo los intercambios de opinión ejecutados a través de las páginas de este semanario, entre Iván Molina Jiménez e Iván Villalobos Alpízar, dos académicos de la UCR muy conocidos, acerca de la emergencia y consolidación del Partido Frente Amplio dentro de la escena política nacional, sobre todo a partir del resultado de las elecciones generales del mes de febrero anterior.

Esos anacronismos se ponen de manifiesto en la discusión que ya dura algunas semanas, dentro de la que destacamos un artículo de Iván Villalobos(“Anticomunismo” como trascendental discursivo) donde acusa a Molina de tener pretensiones, digamos que metafísicas a la hora de abordar el tema de fondo. Lo cierto es que esas parecieran ser las características que asume el debate acerca de un hecho social y político novedoso, al que se ha pretendido calificar, como la expresión de más de lo mismo, dentro de la antiquísima fórmula de que no hay nada nuevo bajo el sol, presentada de una manera tal que la nueva izquierda no es más que la continuidad o prolongación, pura y simple, de aquella otra que podríamos calificar como la vieja u originaria izquierda, cuando la verdad es que más allá de la retórica y las pretensiones de los protagonistas de un acontecimiento histórico determinado, nos encontramos ante las expresiones de un proceso que resulta ser en gran medida novedoso.

La dirigencia del Frente Amplio está inmersa en una cultura política, propia de una postmodernidad que fue tomando cuerpo durante los últimos años de la guerra fría y que terminó por aflorar a lo largo de la década de los 90, a pesar de las características de ese período que pareció marcar un indiscutible triunfo del capitalismo neoliberal y de las políticas del Consenso de Washington. El Frente Amplio, más allá de su nombre y de la presencia de algunos dirigentes fundadores con tradición política, devino en una fuerza política innovadora, con unos rasgos que se  evidencian a partir de la composición de su Fracción Parlamentaria, ahora mucho más numerosa, algo que la torna capaz de  reflejar la gran diversidad de los componentes de esa fuerza política que se encuentra en una espiral ascendente.

La acusación hacia los militantes del Frente Amplio que hace Iván Villalobos de que:” suelen razonar a partir de un catecismo de dogmas económico-político” carece de solidez, cuando en realidad es el sector hegemónico neoliberal el que está conformado por gentes  caracterizadas por un rígido corpus de pensamiento social y económico. La nueva izquierda frenteamplista, si es que se quiere llamarla así, se caracteriza por la presencia en sus filas de una diversidad de fuerzas e intereses, propios de la postmodernidad, los que trascienden a la producción discursiva de sus protagonistas pues, como bien indicaron en su momento algunos de los autores clásicos del pensamiento social, los seres humanos están condicionados en su quehacer por procesos históricos de los cuales ellos son meras creaturas(Marx), por hechos sociales que ejercen una coerción externa sobre ellos(Durkheim) y actúan dentro de un edificio social cuyos cimientos fueron diseñados previamente (Weber), sin que por ello no exista la posibilidad de que le impriman su propia huella al devenir histórico de la humanidad.

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