El jardín de Epicuro

En Costa Rica, no sabemos si en otros países también, existe la frase: “¡Te la tiras riquísimo!”. Hay que estar alerta cuando le dicen

En Costa Rica, no sabemos si en otros países también, existe la frase: “¡Te la tiras riquísimo!”. Hay que estar alerta cuando le dicen a uno esta frase, porque puede tener un tinte irónico, egoísta: “¿Cómo puede ser que te la tires riquísimo si hay tanta miseria y sufrimiento en el mundo?” Es la pregunta latente y oculta de muchas personas que dicen la frase señalada.

Emitir la frase “Te la tiras riquísimo” puede tener una atmósfera quejosa y muy egoísta, como decíamos. Egoísta en el sentido de no reconocer y alegrarse por el bienestar del prójimo. En el ánimo del sujeto que la emite puede existir la siguiente psicología: “¡Vos te la tirás riquísimo, bien!; en cambio yo la paso mal, lleno de trabajo, de responsabilidades, de problemas. ¡Dichoso vos! ¡La vida es injusta conmigo! ¿Por qué me pasa esto a mí?”. Es decir, es un alma adolorida, quejosa, que anda buscando culpables y responsables de su infortunio y que se puede pasar una vida entera en esta faena. En todo caso, una persona que no se siente bien, se siente mal, no realizada y contenta con lo que hace.

También la frase “Te la tiras riquísimo” puede tener un sentido elogioso y positivo, como cuando se dice la frase “pura vida”, que la mayoría de las veces tiene un tono y sentido amistoso.

Si adivinás que es en un sentido negativo cuando te dicen la frase aludida, la respuesta digna, sincera y guerrera debe ser la siguiente: “¡Sí, yo me la tiro riquísimo! ¿Hay algún problema?, ¿envidia, celos?, ¿vos te la tirás muy mal? ¡Salado, hombre, salado! ¡El que puede, puede! ¡Yo me la tiro riquísimo, pura vida!”.

Si es la envidia y los celos los que están detrás de esta frase, hay que recomendar los siguientes textos del controversial filósofo Federico Nietzsche: “La envidia y los celos son las partes vergonzosas del alma humana” y “La envidia debe ser un resorte hacia la superación, la perfección, la excelencia”.

La frase “Te la tiras riquísimo” da lugar a la reflexión sobre el valor y sentido de la vida. ¿Cómo hay que sentirse, cómo hay que pasar la vida?, ¿preocupado, tenso, colérico, enojado, malhumorado, frustrado, pesimista, fatalista, intolerante, amargado, quejoso, impaciente, precisado, enfermo?, ¿o hay que pasarla tranquilo, saludable, despreocupado, riendo lo más que se pueda, contento, positivo, realizado, optimista?

La filosofía, psicología o moral epicúrea, que se gestó en los siglos anteriores a la era cristiana, predicaba la serenidad de ánimo (ataraxia), la salud, el individualismo con gran rigor. La moral o ética epicúrea ha sido criticada como muy egoísta, muy individualista. Solo importa la realización del yo, del sujeto, del individuo, el prójimo carece de importancia. En realidad, y como punto a su favor, los filósofos epicúreos eran amistosos: Yo puedo amar al prójimo, pero sobre todo debo amarme a mí mismo. Mi realización como ser humano depende de mí, de nadie más. Es cierto que puedo encontrar un prójimo o amigo que me ayude o auxilie en la superación de problemas, pero en su mayor parte todo depende de mí.

La tranquilidad de ánimo se adquiere cuando el sujeto se vence a sí mismo, domina sus sentimientos difíciles y sus pasiones. El dominio o autocontrol nos lleva a un estado de imperturbabilidad. Dice Epicuro:                                           “…hasta puesto en tormentos, el sabio sigue siendo feliz, tranquilo”. “Aunque al sabio se le esté quemando, aunque se le esté torturando…si, aun cuando se encuentre dentro del mismísimo toro de Fálaris, él dirá; “¡Qué delicia! ¡Qué poco se me da a mí de todo esto!”. La tranquilidad de ánimo epicúrea es un estado de fortaleza, de invulnerabilidad, de imperturbabilidad. Muy próximo a este estado epicúreo se encontraban tres tenistas clásicos: Stefan Edberg, Boris Becker e Iván Lendel. Es un estado mental muy parecido al que alcanza o consigue el sabio taoísta.

Epicuro, fundador de la escuela, enseñaba en un jardín, que legó a sus discípulos, sus pensamientos. Los epicúreos eran hedonistas, es decir, señalaban que el fin o finalidad de la vida era el placer. Pero no el placer que procede de pensamientos o sentimientos mundanos, más bien el placer o bienestar que se deriva de vivir plácido, despreocupados, totalmente saludables, libres como el viento, idealistas, siempre soñando, victoriosos sobre los obstáculos, es decir, guerreros de la mente como los estoicos. Es decir, nadie dudaría en afirmar que los epicúreos ¡se la tiraban riquísimo! Decimos  la anterior exclamación en el sentido más positivo, admirativo  y elogioso posible. ¿Tuvo adeptos el epicureísmo en el siglo XX? ¿Los tendrá en el siglo XXI?…

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