El juego mudo de las conveniencias mutuas

Citas médicas a plazos absurdos, las eternas listas de espera, la falta de atención adecuada de situaciones urgentes y la carencia de algunos medicamentos

Citas médicas a plazos absurdos, las eternas listas de espera, la falta de atención adecuada de situaciones urgentes y la carencia de algunos medicamentos o tratamientos no farmacológicos son las consecuencias de una mala gestión administrativa por parte de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Sin embargo, todas estas falencias constituyen la cara visible y superficial de una maquinaria enorme, compleja, caótica, desarticulada y parasitada que amasa varios miles de millones de dólares al año.

Muchas de las soluciones que se proponen parten de tales percepciones superficiales, sin postular medidas que aborden las causas profundas de su origen; cuando estas se insinúan, surge la inmediata oposición de los miembros más conspicuos de diversos grupos de interés que pululan y medran en las entrañas de la institución (y en otros puestos públicos): políticos, altos –y bajos- funcionarios nombrados a dedo, sindicalistas, vendedores de consultorías, especuladores y ¡hasta usuarios!

Oponerse a estos personajes “influyentes” significa conflictos interpersonales, amenazas laborales o perder un puesto, una elección, un privilegio o un negocio. Ergo, nadie afronta las causas reales de los problemas de la CCSS; “todo el mundo” sabe quiénes son los peores (afortunadamente, no son muchos) pero “todo el mundo” prefiere laissez faire, laissez passer: queda el camino libre y sin obstáculos para que aquellos sigan haciendo de las suyas; es un juego ciego y mudo de mutuas conveniencias. Y así sucede en las demás instituciones públicas y en muchas privadas, en las cuales es preferible, para no ganarse problemas, dejar que las cosas sigan su curso decadente hasta que toquen fondo. Tenemos a la vista, la consecuencia final de esa actitud: Grecia y los países de la zona del euro tienen “a huevo” que recortar servicios; los grupos sociales menos favorecidos serán los más perjudicados; en este caso, la salud de la gente. Y luego (o primero), la situación fiscal.

Ahora bien, ¿seremos un país de ciudadanos más saludables si tenemos cada día más consultas médicas, mamografías, electrocardiogramas y exámenes de laboratorio para todos? Rotundamente no. El problema tiene otra cara: la multiplicación exponencial de consultas médicas (más de 14 millones al año), de exámenes auxiliares —muchas veces solicitados o exigidos por los mismos usuarios— y de recetas de medicamentos —cada cual más barato y muchas veces inútil—, ante la permisividad y pasividad de las “autoridades” responsables. Es cierto que existe una demanda enorme de exámenes médicos, pero también es cierto que se botan a la basura, literalmente y a diario, cientos o miles de radiografías, mamografías, electrocardiogramas, medicamentos y resultados de laboratorio por duplicación o triplicación de solicitudes, por sistemas de almacenamiento de información obsoletos, por ignorancia, desinterés y derroche, tanto de funcionarios como de usuarios. “Todo el mundo” sabe que existen usuarios que tienen consultas programadas en un EBAIS, en una clínica, en más de un hospital y en más de un servicio —ojalá, de especialidad— sin requerirlo; que se trafican ilegalmente medicamentos de la CCSS —incluso fuera del país— y que solo quien tiene “patas” o paga “biombos” logrará conseguir la prestación de un servicio, muchas veces a sabiendas que otros lo necesitan mucho más. Por esto, la mayor indignación proviene de quienes demandan un servicio solo cuando realmente lo necesitan. Cada vez más personas portadoras de problemas de salud previsibles y reversibles siguen teniendo hábitos dañinos como el fumado, la comida “chatarra”, la falta de ejercicio, el desconocimiento y desinterés por su condición médica, de las condiciones de su vivienda, de los medicamentos que utiliza y de las medidas preventivas que deben tomar, pero están “de primeros” en las listas de espera y en las filas de las farmacias. Esta es la razón por la que aumentan, en el mundo, los índices de enfermedades crónicas como la diabetes y las cardiopatías y en los países pobres, enfermedades como el dengue. Ninguna de ellas se resuelve con más y más consultas, exámenes y recetas.

“La mayor parte de nuestros problemas son obra nuestra” (Juan Jacobo Rousseau, 1755).

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