El personaje literario Cocorí

La primera característica que tiene que tener un buen personaje es que sea nuevo, y Cocorí lo es. Sus rasgos individuales físicos y psicológicos

La primera característica que tiene que tener un buen personaje es que sea nuevo, y Cocorí lo es. Sus rasgos individuales físicos y psicológicos son únicos.

Cocorí es un personaje memorable, por lo menos  dentro de la literatura infantil costarricense.

Carmen Lyra estableció una literatura para niños contundente, que no ha sido igualada en nuestro país hasta hoy; pero sus aciertos (muy bien merecidos), son a nivel de lenguaje, de estilo, de gracia, de fantasía y autenticidad criolla (que no es poco), pero Carmen Lyra no creó ningún personaje nuevo: desde Tío Conejo hasta la Cucarachita Mandinga (Cucarachita Martina en el resto del mundo), todos sin excepción fueron tomados de la literatura clásica europea.

Sin embargo Cocorí es costarricense, y no tiene otro equivalente en la literatura. Cocorí es convincente y típico.

No podemos hacer un análisis literario de un libro infantil, cuyo primer propósito es lúdico, esperando que el niño lector haga un análisis político del texto, como han pretendido algunos críticos literarios. Sin embargo debemos tener en cuenta la época y las circunstancias históricas en que se escribe el libro. Tenemos que ubicarnos en un niño limonense anterior a 1947, cincuenta y seis años atrás. Si este personaje literario, que es un ser de papel, hubiese tenido un equivalente humano, hoy fuera un viejo de más de sesenta y tres años.

Un elemento básico que no puede obviar ningún análisis crítico en narrativa, es el punto de vista del narrador, que en este libro es positivo y transparente. Si el escritor hubiese contradicho el punto de vista del narrador con cualquier elemento negativo en contra del héroe: racismo, cobardía, fealdad física, hubiese destruido el poder de persuasión de la novela; en otras palabras es literariamente imposible asumir el racismo en un texto para niños en detrimento del héroe (desde la voz del narrador).

El narrador no puede atacar al héroe en un libro destinado a los niños. Eso sólo puede hacerlo otro personaje (un villano, una bruja, una madrastra mala…), pero en el libro «Cocorí» no existe un antihéroe que pueda asumir ese rol. El cocodrilo y la bocaracá no están diseñados para burlarse del niño por ser de raza negra, la niño del barco no puede hacerlo porque es buena y le da un beso y una rosa.

Para decir que el racismo está sugerido en el libro habría que cargarle las culpas al narrador. No existe en el mundo un narrador omnisciente o testigo en un texto destinado a los niños que agreda al héroe y muchísimo menos un narrador protagonista que se agreda a sí mismo.

Cocorí como héroe y protagonista de un libro destinado a los niños es lo único que puede ser en su rol: un niño valiente, bonito, audaz, que se gana nuestra simpatía.

La literatura destinada al lector adulto se rige por otros patrones. El protagonista en «El Perfume», de Patrick Süskind es un asesino jorobado y deforme, y en «La Metamorfosis», de Kafka, el protagonista se ve transformado en un enorme insecto aborrecido por su familia.

Se supone que a nadie se le ocurre leer estos textos en el kínder.

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