El príncipe encantador

Lo que Arias declaró, según el texto de la entrevista, fue: “Diay, han dicho que soy un falto de ética, que soy un ogro

El funcionario de La Nación S.A. que tituló la entrevista en la que Rodrigo Arias Sánchez se autodeterminó como el ‘mas experimentado’ político costarricense (21/06/2010), con un “Han dicho que soy un ogro, pero no es cierto”, o quiso hacerle un favor o tuvo miedo.

Lo que Arias declaró, según el texto de la entrevista, fue: “Diay, han dicho que soy un falto de ética, que soy un ogro y que soy un millonario dueño de todo el país. Nada de eso es cierto”. En la calle, las versiones son muy otras. Suponemos que Arias no las ha escuchado.

Ahora, que sea o no súper millonario no es factible saberlo porque la minoría plutocrática que controla el país se parapeta tras una red de sociedades anónimas que ni siquiera el Jefe del OIJ consigue rastrear (tampoco es que se atreva). Y tampoco ser millonario es delito. Y si fuese un “falto de ética” y esto significara o “inescrupuloso” o “ignorante en teorías de la virtud” o “inexperto en el polisémico ‘buscarle la comba al palo’”, ya el Alto Tribunal de Ética del PLN lo habría desnudado ante la opinión pública (esto es un chiste; no se debe tomar en serio; no al Tribunal, sino al comentario).

Pero donde Rodrigo Arias muestra su entera inactualidad, desfase, obsolescencia, es cuando afirma, como algo negativo, que se le tilda de “ogro”. La imagen de ogro la da hoy Shrek y, por medio de él y Fiona, y los ogritos que procrean, es que las nuevas generaciones acceden a los ogros. Shrek no es codicioso, protege a los débiles y, sobre todo es amigo de Burro y de un Gato con Botas. En cambio, los hermanos Arias Sánchez desprecian a los ‘caracoles’ y ‘batracios’. ¡Imagínese si serán amigos de burros! Si ‘hábilmente’ R. Arias quiso hablar mal de sí, para florearse, debió decir que hay gente que lo compara con Lord Farquaad (aunque el lord es soltero). Pero a lo mejor esto no habría podido falsarlo.

La cómoda penuria ofrecida al mencionar las apreciaciones que Rodrigo Arias dice tienen algunos sobre él se complementan con algo peor: la inconsistencia entre lo que afirma de sí mismo y lo que muestra en la entrevista. Proclama ser una persona humilde, como Shrek, que ‘tiene clarísimo lo que hay que hacer’. “Sé lo que debo hacer y quiero hacerlo bien”, sentencia.

Pero ocurre que al inicio de la conversación periodística confiesa no ver a Laura Chinchilla como Presidenta sino “como ex compañera de gabinete”. Curiosamente, de un Gabinete Ministerial en el que él era el capo. Y ocurre que “presidenta” se dice de una posición institucional en el Gobierno de la República. La Presidenta tiene una dignidad constituida por el voto ciudadano.

Por lo tanto para el abogado y ciudadano Rodrigo Arias, Chinchilla no puede ser una ex compañera de asiento en el bus o una ex compañera de gabinete. Está obligado a ‘verla’ y respetarla como Presidenta. Si tiene extraviada o confusa hasta este extremo la visión institucional constitucional, y es abogado, es dudoso que tenga “clarísimo” lo que hay que hacer. Y tampoco tiene claro cómo debe comportarse en tanto persona privada y como figura de Gobierno. Es claro que cuando a Rodrigo Arias algo le ‘resulta bien’, es por azar. La otra posibilidad es que le resulte así como un efecto del poder concentrado que se ha construido. Pero él se declara un “hombre humilde”, sin codicias, como Shrek, de modo que lo segundo, y no hay por qué dudar de su palabra, no es acertado.

Arias dice que su política la hace con “amigos”. Es término fuerte. En castellano hace principalmente referencia a un afecto desinteresado entre dos personas, afecto que nace y se refuerza con el trato. En política latinoamericana usualmente no se tiene amigos, sino servidores, clientelas, correligionarios, empleados, compinches. Arias acota que “amigos” son quienes están con él (con su precandidatura). Se trata de individuos interesados en lo que él pueda concederles. Eso se parece tanto a una amistad como Rodrigo Arias se asemeja a Shrek. Queda por ello pendiente de si en la calle, ésa que él no escucha, no se hablará más bien de Lord Farquaad o de El Príncipe Encantador. Como la saga de ogros lo establece, éstos son conspiradores de dudoso gusto y terminan derrotados.

 

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