El tiburón MF-59

Esta sustancia derivada de los escualos –como los tiburones– es un adyuvante, y como tal estimula en forma agresiva y prolongada el sistema de

Si usted creía que en Costa Rica se estaba experimentando fundamentalmente con una vacuna contra la gripe porcina, se equivocó. Lo que interesa evaluar  por medio de este  lucrativo estudio –hijo de una compañía farmacéutica  y un  instituto privado– es la efectividad del  MF–59.

Esta sustancia derivada de los escualos –como los tiburones– es un adyuvante, y como tal estimula en forma agresiva y prolongada el sistema de defensas  del organismo, de manera aberrante e inespecífica, para generar una mayor respuesta contra el virus. El MF–59 como tal es un producto prohibido en los Estados Unidos, y nunca ha sido registrado en ese país. Pero se le está inoculando a los costarricenses, incluyendo niños.

¿De dónde vino la prisa y la falta de cuidado? Desde el año 2004, los Estados Unidos (EEUU) le han pagado a las compañías farmacéuticas $7.9 billones, para crear la capacidad de vacunar a toda su población para el 2011.

Para esa nación,  es un asunto de seguridad nacional. Producir  verdaderas vacunas con sólo el antígeno viral ha topado con enormes obstáculos de orden técnico y económico. Con el adyuvante, sin embargo, podría necesitarse menos cantidad de antígeno (virus), para producir  la cantidad de vacuna requerida por EEUU para el 2011.

Por esta razón, el gobierno norteamericano compró ya al menos 312 millones de dosis de adyuvantes –incluyendo MF–59– sin haber siquiera conseguido  la aprobación de la FDA (órgano regulatorio de los EEUU), para estudios de fase I con ese producto, primer paso para generar una vacuna.
Ignorando las advertencias de sus reguladores, los EEUU van  a probar el MF–59 en al menos 3000 “voluntarios”, a los cuales se les paga por participar, brincándose los requisitos indispensables de seguridad y eficacia que cualquier estudio de vacunación debe poseer.

En Costa Rica se hará lo mismo, con la diferencia de que, según la invitación aparecida en La Nación del 2 de agosto de 2009, se les hace creer que se les aplica “…la nueva vacuna contra el virus de la influenza de origen porcino…”.

Esta afirmación es  falsa y tendenciosa, ya que según los propios investigadores, se experimentan simultáneamente 4 diferentes combinaciones de virus y adyuvante, y no una única nueva vacuna como se promociona, y con la cual creen estarse protegiendo de la gripe porcina los desapercibidos voluntarios ticos.

El investigador principal nos da la razón y confirma su incertidumbre y nuestras preocupaciones cuando ingenuamente invoca su acto de fe (La Nación, 31 de julio 2009): “Esta vacuna candidata podría ser la vacuna contra la pandemia”.

El MF–59 incluye una sustancia orgánica llamada “squalene”. Esta molécula aceitosa está presente en el cuerpo humano, en la piel y otros tejidos. La ingerimos sin riesgo cuando comemos pescado o aceite de oliva.

Si es inyectada, el sistema inmune podría no reconocerla  como propia y lanzar un feroz ataque contra nuestros propios tejidos, provocando enfermedades autoinmunes  o afectando severamente el sistema nervioso.

La prestigiosa revista inglesa “The Lancet” advierte el  1-8-2009 de los peligros de usar vacunas sin licencia y sin los requeridos estudios de seguridad y eficacia, y comparan el escenario futuro de la posible vacunación contra la gripe porcina, con el brote de H1N1 de 1976 en EEUU, donde la inoculación  masiva se asoció a frecuentes y severas complicaciones –incluyendo alrededor de 500 casos de un padecimiento neurológico grave llamado Síndrome de Guillan-Barré (SGB)– obligó a suspender la campaña de vacunación  y le costó al gobierno norteamericano cientos de millones de dólares en indemnizaciones.

El 29 de julio pasado, la Agencia Británica de Protección de la Salud envió una nota a alrededor de 600 neurólogos advirtiéndoles de la posibilidad de la aparición del SGB si se iniciaba una campaña masiva de vacunación contra la influenza porcina.

Urge  conocer el protocolo de este  estudio, y el consentimiento que firman los participantes, para cerciorarnos de que la información disponible es completa y veraz.

No ha sido sencillo conseguir esos documentos, clara evidencia de que algo se esconde. Es mandatorio además  conocer la opinión de los investigadores, y de aquellos entes públicos y privados, particularmente el Ministerio de Salud y el Consejo Nacional de Investigación en Salud, sobre lo aquí anotado.

Espero que, como a menudo ocurre, no se rehúya el debate, o se apele a argumentos de orden personal o político para evitarlo.

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