En el País de los Felices

Jairo Mora Sandoval, de 26 años, fue asesinado hace más de un año. En octubre-noviembre de este 2014 comenzó el juicio contra quienes parecen ser sus asesinos. Si los fiscales presentan adecuadamente su prueba, y si ella fue recogida con propiedad, serán castigados a años de cárcel.Los asesinos son personas humildes de la costa Atlántica, […]

Jairo Mora Sandoval, de 26 años, fue asesinado hace más de un año. En

octubre-noviembre de este 2014 comenzó el juicio contra quienes parecen ser

sus asesinos. Si los fiscales presentan adecuadamente su prueba, y si ella fue

recogida con propiedad, serán castigados a años de cárcel.Los asesinos son personas humildes de la costa Atlántica, producidos por Limón y, como Limón

hace parte de Costa Rica, producidos asimismo por el país. Por todos los que

residimos aquí, pero en especial por sus dirigentes políticos, los distintos

grupos económicos y los liderazgos religioso-culturales. El asesinado Jairo

Mora, un hombre joven y bueno, también es producción costarricense, pero se

ubica en el lado prístino y deprimido/minoritario de sus gentes actuales. Son

minoritarios no por su número, sino por su bloqueado acceso a los circuitos de

poder y sus lógicas. Las personas buenas y sencillas constituyen mayoría en

Costa Rica, como en todas partes, pero se les priva de variadas formas de su

capacidad para determinar el carácter de la existencia social. Por ello están en

permanente peligro de ser liquidados biológica y culturalmente. No todos los

liquidadores son llevados con propiedad a los Tribunales.

Una noticia-documento en un canal de televisión local revela que la playa y el

área en que fue torturado y asesinado Jairo Mora es hoy espacio de

delincuentes menores y mayores. No existe policía (o la aterroriza acercarse a

la playa Nueve Millas de Moín) y el imperio de los maleantes hace que incluso

personas que colaboraron con Jairo en el cuidado de las tortugas baula y sus

nidos se sumen hoy a la caza de sus huevos. La organización para la que

trabajaba Jairo Mora, Widecast, canceló su proyecto en Moín. El esfuerzo de

Jairo y su muerte brutal resultaron vanos. Se le llora, pero nadie, al menos de

la autoridad en Moín, prolonga su lucha.

Escribe en La Nación S.A., no creo sea necesario adjetivar su línea de

opinión, el ingeniero Jorge Woodbrigde: “No hay tiempo para posponer

soluciones” (LN: 28/10/2014). El autor, quien ha sido incluso “Asesor

Presidencial en Competitividad y Mejora Regulatoria con rango de Ministro”,

durante la última “administración” de Óscar Arias, exige a la presidencia de Luis

Guillermo Solís terminar ya con todos los desastres que, por desatención,

molicie y codicia, han gestado las orquestas liberacionista y socialcristiana en

el último medio siglo. Una cita: resulta imperativo: “…someter a todas las

instituciones a un análisis de sus objetivos, resultados y recursos para su

aprobación en la Asamblea Legislativa”. Rehacer o cercenar todo lo que él, con

otros, tornó disfuncional, gravoso y suicida. Pero lo esperpéntico de su texto no

reside en su inviabilidad política, sino en una frase woodbridgeana de su

penúltimo párrafo: “Esta es una situación en que no se vale andar señalando

culpables, pues solo debemos ver hacia el futuro”. O sea las desgracias y

calamidades se produjeron solitas y se coordinaron y acumularon por su

cuenta. Nadie es políticamente responsable. Nadie engordó a la sombra del

manejo político de los últimos 40 años. ¡¡¡Vaya cáscara!!! Puede que el país no

sea el más feliz del mundo, pero sus políticos sí son jolgoriosos. Stand Up

Comedy, le llaman. Que devuelvan la plata.

En el País de los Felices hasta los niños saben que, si de cambios se trata,

el PAC requiere ganar, solo o en coalición, las elecciones del 2018. Solo así se

avanzará en la liquidación de la inmundicia acumulada. Un buen manejo del

presidente Solís es solo un factor de esta tarea. Pero, sin siquiera un año al

frente, el PAC se encuentra paralizado e internamente desagregado y

enfrentado. Residen en él al menos un errático circuito de amigos del

presidente, grupos empeñados en reiterar las fétidas corruptelas contra las que

votó masivamente el electorado y la trinchera casi sin compañía de Ottón Solís.

La debacle no es horizonte, sino un día a día. Nadie aporta tubos de oxígeno.

Los otros, los que no admiten responsabilidades, celebran. El hijo dilecto de

la señora Olsen ya se siente presidente. Johnny, La Catástrofe, quiere retornar

a su Alcaldía. Lo lúgubre es que de repente lo consiguen.

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