Estado laico y romería: un absurdo

Bonita discusión del Estado laico. Eso diría salvo que esta discusión al igual que todo en el país nos arrastra a la mediocridad. Poco

Bonita discusión del Estado laico. Eso diría salvo que esta discusión al igual que todo en el país nos arrastra a la mediocridad. Poco me importan los ritos del catolicismo o si el Estado conserva o no su religión, pero la mediocridad sí que importa.

La Constitución Política resguarda la religión católica en calidad de oficial; chocante a toda la historia ilustrada y postmoderna de Occidente. Montesquieu indicaba “tan venerable como son aquellas ideas que surgen inmediatamente de la religión, ellas no siempre deberían servir como un primer principio a las leyes civiles”. En 1789 con una Revolución Francesa triunfante se logra el deslinde entre religión y Estado, así las leyes, costumbres y demás no devenían de la divinidad; aparecía la racionalidad. Una racionalidad cuyo principal componente advertía una máxima: la expresión religiosa, cualquiera que fuere, debía desaparecer de la esfera pública.Luego de la Revolución el principio fue: el espacio público no debe nunca utilizarse para expresiones religiosas. En Costa Rica el tema llega 223 años atrasadito. Pero el problema es otro.

Acá el espacio público es ultrautilizado por los ritos del catolicismo: procesiones, marías por doquier en las instituciones públicas, feriados por motivos religiosos y lo más importante para los católicos, la ROMERÍA. La mediocridad nos comienza a arrastrar. De repente estos ritos se volverían sospechosos en una laicidad estatal. Básicamente en un Estado tal: romería y demás ritos tienen que –sin otra posibilidad- desaparecer, ya que el espacio público –entiéndase Calle Vieja o la que fuere-no debe nunca utilizarse para estos fines. No existe la más mínima posibilidad de expresión religiosa en el espacio público, debate suscitado recientemente por los europeos y sus problemas por las plegarias musulmanas en las calles.

Bajo tales escenarios surgen varias posibilidades.

Primero: es evidente que los romeros violentan el derecho fundamental de libre tránsito a los vecinos de Calle Vieja y cercanías, obligándolos a pasar una encerrona.

Segundo: surge la posibilidad que mediante perfecta organización (cosa inusual en este país) y una ruta alterna se dejen de lesionar los derechos fundamentales de dichos vecinos.

Tercero: el problema no se soluciona por la supuesta ruta alterna. La mediocridad subsiste. Ya que aun protegiéndose los derechos fundamentales de los vecinos encerrados por miles de romeros, se sigue irrespetando la norma básica del Estado laico, la cual es: no se deben utilizar espacios públicos para cultos religiosos.

Vean al punto ridículamente mediocre al que hemos llegado –por una discusión con dos siglos de atraso ahora impulsada en el país por la izquierda progresista– o no se elimina la religión oficial estatal con tal de preservar un rito, o se elimina la religión y se conserva la tradición, ahora en categoría de invasión de una religión hacia las otras y hacia el espacio público.

Recuerden: el Estado perdió su religión, ya la categoría de oficial no cubre un acto tal de una supuesta política estatal que pudiese justificar la utilización del espacio público, ahora no es más que una invasión. ¿No sé si captan la mediocridad en todo esto?

La única solución consecuente: eliminar religión del Estado y con ello toda expresión de aquella religión antiguamente estatal y que utilizaba espacios públicos, ya que en eso consiste la esencia del Estado laico, y para muestra todos los demás países occidentales. Pero esto es Costa Rica, y sin dudas, tendremos Estado laico a medias. Así: se eliminará la religión estatal, pero se conservará la invasión religiosa al espacio público. ¿Es mediocre, cierto?

Una posible solución al borde de la mediocridad: me parece el asunto podría salvarse mediante lo que Friedrich von Savigny denominó espíritu del pueblo (volkgeist), donde cada nación conserva sus tradiciones sin importar el contexto internacional por ser el producto de fuerzas internas, la nación se convierte en un órgano, en un alma.

Pero los argumentos de Savigny nos llevan a una mediocridad racional, ya que  seguiría violentada la norma básica del Estado Laico.

Me pregunto: ¿Qué dirá el país entero si se entera que perderá su amada caminata a cambio de un Estado laico?

Sin duda: en Costa Rica el país de la mediocridad, habrá Estado laico y romería. Laicidad a medias. Se salva el carácter confesional. Nada pasó. País de a mentirillas.

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