¿Estudios sociales o ciencias sociales? y el reformismo en la educación

Desde hace algunos años, cuando tuve la oportunidad de colaborar con el Ministerio de Educación Pública, MEP, como funcionario de la Unesco responsable de la dirección de un proyecto (Proyecto Simed) para contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación primaria y que generó el modelo o paradigma de las Escuelas Líderes que, aún […]

Desde hace algunos años, cuando tuve la oportunidad de colaborar con el Ministerio de Educación Pública, MEP, como funcionario de la Unesco responsable de la dirección de un proyecto (Proyecto Simed) para contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación primaria y que generó el modelo o paradigma de las Escuelas Líderes que, aún afortunadamente en algunas partes no se olvidan, vengo oyendo de manera reiterada la denominación de Estudios Sociales como equivalente, quizás no hay conciencia de lo que ello implica para la mayoría de educadores, de las Ciencias Sociales.
En estos recientes meses cuando el mismo Ministerio de Educación ha abocado una reforma de dichos Estudios Sociales, lo que ha ocasionado unas justificadas reacciones de algunos agentes educativos de la educación secundaria, así como de los gremios sindicales como APSE y del propio Colypro, según Solano, dado que “…no hubo cambios reales, tan solo rellenaron (literalmente) los huecos que traía la primera propuesta. Sin embargo, esta última versión sigue sustentando los mismos problemas epistemológicos, metodológicos y evaluativos”.

Si bien las razones que acompañan a Solano y a otros que han terciado críticamente sobre el asunto y que en su mayoría compartimos, nos parece que en el mismo hay un problema más de fondo que los aspectos formales metodológicos y de evaluación, entre otros, que principalmente se esgrimen, como es el epistemológico, que si no se asume y define o demarca con exactitud y rigor, no es posible desbrozar el camino del aporte auténtico de dichas disciplinas a la formación integral y  a la calidad de la educación y se seguirá transitando en los reformismos de siempre a que se abocan los Ministerios de Educación en América Latina, cada vez que hay nuevos gobiernos, lo que equivale también a nuevos Ministros de Educación.

Para transitar en dicha perspectiva, es importante señalar que cuando se aborda el asunto curricular aludido de las disciplinas sociales con el mote de Estudios Sociales y no de Ciencias Sociales, como debiera ser, cualquier persona, medianamente informada de la Epistemología y de lo que es esencial en ella en el campo del conocimiento, la Pedagogía y la educación, podrá colegir que ya se está ante un problema de tal naturaleza que es indispensable debatir y aclarar prioritariamente.

El asunto, al contrario de lo que algunos pudieran pensar, no es un simple juego o sustitución de palabras, ya que en dicha denominación por la que opta curricularmente el MEP, está enmascarada consciente o inconscientemente una concepción y una posición filosófica y epistemológica que invita a subvalorar las disciplinas de ese campo (la Historia, la Geografía, la Educación Cívica, entre otras) y a imprimirles una categoría de índole instrumental y mecánica, que limita positivistamente el objetivo de estas, que no debe ser otro que el contribuir de manera transparente y debidamente fundamentada a las transformaciones que nuestra sociedad requiere, propiciando a los y las estudiantes ambientes de reflexión, análisis crítico, ajustes progresivos y propositivos que les ayude a comprender y a afrontar las problemáticas de hoy y del futuro, además de educar para una ciudadanía global u holística, no domesticada, utilizando la expresión de Freire, nacional y local; una ciudadanía que se exprese en un ejercicio emancipador dialogante y solidario y comprometido con los valores democráticos que deben promoverse tanto en las instituciones educativas como en las aulas y en las clases o lecciones.

Antes que los reformismos educativos y tradicionales en nuestros países, a que ya hicimos alusión, en todos los ámbitos curriculares y en este caso de las disciplinas sociales que finalmente buscan o implementan soluciones instrumentales, tecnológicas  mecanicistas y para una cultura utilitarista del mercado, es indispensable un debate y replanteamiento de fondo en un marco epistemológico y holístico de lo que significa la enseñanza y el aprendizaje social por parte de docentes y estudiantado.

Las ciencias sociales no son ni pueden ser un saber de segunda categoría en el currículo de la educación secundaria, tampoco en los demás niveles educativos.

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