¿Fin de la impunidad en Brasil?

El 25 de junio de este año el Coronel retirado Carlos Alberto Brilhante Ustra fue  condenado por la tortura y asesinato de Luis Eduardo

El 25 de junio de este año el Coronel retirado Carlos Alberto Brilhante Ustra fue  condenado por la tortura y asesinato de Luis Eduardo Merlino, periodista y militante del POC (Partido Operario Comunista), quien regresó en junio de 1971 de Francia donde se reunió con Michael Lowe y otros dirigentes de la IV Internacional, con el fin de continuar la lucha por el socialismo en contra de la barbarie. Ya en su país mientras visitaba a su madre en la ciudad de Santos, en el litoral del Estado de Sao Paulo, fue preso y llevado al centro de tortura conocido como DOI- Codi u Operación Bandeirantes, dirigido por Ustra.

Según los testigos presenciales, entre ellos el exministro de Los Derechos Humanos, Paulo Vanuchi, fue bárbaramente golpeado y torturado durante 48 horas seguidas lo que lo llevo a la muerte. La versión oficial en aquel momento fue que había sido atropellado al intentar escapar cuando era trasladado al sur del país para reconocer a otros militantes del POC, incluso presentaron un certificado de defunción falso, firmado por medicatura forense.

El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil considera que la ley de amnistía impide juzgar penalmente a “cualquier involucrado en los acontecimientos de la época del gobierno militar”, implícitamente otorgando impunidad a los asesinos y torturadores. Por lo tanto, la condena fue civil, obligando al Coronel Ustra a pagar una indemnización de 100000 reales (50000 dólares)  a la compañera de Luis Eduardo Merlino, Ángela Mendes de Almeida y a la hermana  Regina Merlino, por daños morales.

Como bien explica Ángela, “el fin de la presente demanda no era obtener dinero, sino demostrar por la única vía legal posible, la responsabilidad de lo cometido por Ustra”.

Lo importante de la sentencia no es el castigo que recibió el acusado, sino la justificación que da la Jueza Claudia de Lima Mengue del Tribunal Civil de Sao Paulo, en la cual claramente explica que se condena al acusado por  las torturas y el asesinato de Luis Eduardo Merlino. En palabras de la jueza: “palizas y torturas bajo supervisión y, ocasionalmente, por acción directa del Coronel Ustra”.

La condena, como afirmamos arriba, no tiene carácter penal, así que no se podrá llevar al asesino a cumplir ninguna pena, pero por lo menos sirve para que el Estado brasileño reconozca las violaciones cometidas contra Luis Eduardo y otros militantes contra la dictadura militar.

En el año 2010, el STF interpretó que la Ley de Amnistía en realidad otorga protección a los violadores de los derechos humanos que pertenecían al aparato estatal de la dictadura militar; sin embargo y contradictoriamente, en este mismo año, Brasil fue condenado por la Corte Internacional de los Derechos Humanos, con sede en San José, Costa Rica, en el caso de la desaparición de los militantes de la llamada Guerrilla del Araguaya, considerando que fueron crímenes de lesa humanidad y, que por lo tanto, son imprescriptibles.

Brasil ha hecho caso omiso a este tribunal de la OEA.  Este hecho hace parte de las conclusiones de la Jueza Mengue, al referirse a la Comisión de la Verdad, la cual se constituyó recientemente en Brasil, con el fin de “analizar” la verdad histórica de la represión de la dictadura, pero respetando la impunidad de los criminales.

La condena del Coronel Ustra abre un precedente sumamente importante en la historia judicial de Brasil, no solamente al desenmascarar las mentiras y falsificaciones de los miembros militares y civiles del aparato de la represión, sino creando conciencia en la lucha que sigue realizando Ángela (coordinadora del Observatorio de la Violencia Policial en el Estado de Sao Paulo) en contra de la impunidad de entonces, la cual respalda las  actuales torturas y asesinatos por parte del aparato represivo, ahora, no contra intelectuales y militantes, sino contra jóvenes pobres en su mayoría negros.

La Dra. Ángela María Mendes de Almeida, una experta brasileña en el tema de la violencia visitó nuestro país para participar en el primer Simposio Internacional Violencia y Sociedad, que se realizó en la Ciudad de la Investigación de la Universidad de Costa Rica del 1 al 4 de diciembre del 2008. Participó en la mesa redonda “Ética, cultura y juventud”  en la cual dictó la conferencia “Criminalización de la violencia en Brasil y el papel de la opinión pública”.

Al conmemorar la victoria contra uno de los actores de la dictadura, no podemos olvidar que el poder económico y social sigue en las mismas manos, el cual para perpetuarse sigue la misma metodología represiva.

[delipress_optin id="134623"]

Otros Artículos

Los puentes Bailey son de acero, prefabricados e importados. Su inventor fue el ingeniero inglés Sir Donald C. Bailey, funcionario civil del ejército inglés.

A pesar de que recientemente la Sala Constitucional (IV) emitió una resolución que obliga a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) a resolver

Para la presidenta del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), Sonia Picado, la región latinoamericana está en deuda con el respeto de algunos derechos,

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) subió su estimación de crecimiento económico para este año y ahora espera que la producción costarricense se

El libro “La máquina de hacer niebla” es una antología que recoge lo mejor del poeta Luis Chaves.El próximo miércoles 8 de agosto, en

La Universidad de Costa Rica se ubica en la undécima posición entre las mejores latinoamericanas con presencia en Internet, según el ranquin publicado hoy

Básicamente, Justo Orozco es la antítesis perfecta de los derechos humanos, él simboliza todo lo que los derechos humanos combaten: la intolerancia (“Él era

La información es poder. Tanto es así que, de acuerdo con el visionario político irlandés Edmund Burke, la prensa representa nada más y nada
Semanario Universidad