Grafiti efímero

Grafiti fugaz, grafiti que dura lo que tarda el agua o el aire en disiparlo, en ser removido, borrado, olvidado, el que solo forma

Grafiti fugaz, grafiti que dura lo que tarda el agua o el aire en disiparlo, en ser removido, borrado, olvidado, el que solo forma parte de quien lo expresa y ejecuta. Por ello, podríamos compararlo con la huella que deja el pie en la arena de una playa; quien da el paso hacia adelante se consume de inmediato con la llegada de la ola y es tragado en sus espumas. No hay huella sino instante.

Si el grafiti es tallar el trazo mediante signos, símbolos o palabras en una superficie, la superficie mural donde llevarlo a cabo, plana, curva o de relieves mixtos, merece que se le delimite su espacio, porque lo efímero se asocia con algo de poca relevancia, se diría que superficial. Pero podría no ser así, pues de su contenido podríamos entresacar una profundidad insospechada.

En general, el grafiti se considera efímero porque no está legitimado en un caballete de pintor o en una página de pared pública, o en una galería, es decir, una creación tradicionalmente bidimensional –también escultórica−, que forma parte del ideario aceptado de la sociedad, para ser perpetuado en la memoria colectiva.

Por su naturaleza, la condición básica del grafiti es obligatoriamente anónima, nadie sabe la autoría, no se firma; se complementa también de manera obligatoria su carácter transgresor, es ilegal, va contra el sistema de organización política en el que se realiza y por ello tiene un alto grado de violencia reprimida que se muestra hacia el exterior, a veces con gran síntesis de belleza y notoriedad de observación que queda plasmada materialmente.

Pero el grafiti puede ser borrado en cualquier momento a partir del momento mismo en que se produce, ese es su espacio –tiempo vandálico y artístico−. Y en ello se toma nota de su fugacidad ideológica y estética, en el marco de la estructura social de la inmediatez en que se produce la obra. No tiene derechos, salvo los que se asigna a sí mismo. Su halo constructor lleva implícita su argamasa y ceniza caliente de vida y muerte.

Como el grafiti se hace sin permiso de nadie y a la sombra de todos, es público y privado, impulsivo y reflexivo, dialoga en híbridos de audiencia y en monólogos personalizados.

Esa temporalidad que lo constituye como un cuerpo único siempre en fuga, toca la superficie, deja su música silenciosa y se desvanece, nos lleva a hurgar en otros ámbitos de la libélula del alma que es el grafiti, como el que se realiza en la arena de la playa, en el vaho del autobús y en el del baño.

En la arena la herramienta de trazo son los dedos de las manos y las manos, lo mismo que de los pies, o el cuerpo físico; también se utiliza un elemento extra como podrían ser palitos, conchas o cualquier otro que se consiga en el entorno inmediato. ¿Qué grafiti se crea en la playa? Lo que sea; se le puede dar un valor agregado de escultura, porque igual todo desaparecerá del paisaje, como los anónimos que lo hicieron y los anónimos que lo pudieron haber visto. Todo está en fuga en las redes de las algas, entre arenas y mar, el eterno retorno, el movimiento sin fin.

En el autobús, marcadamente cuando los pasajeros viajan encajonados y sin aire acondicionado, por efecto de la temperatura, del agua que transpiran los cuerpos y de la inhalación y exhalación grupal, se produce un vaho en las ventanas que particularmente los adolescentes aprovechan para escribir, ¿qué cosas?, las suyas de su edad, anónimos y efímeros del instante, como la parada de bus donde subieron y en la que se bajaron.

En el baño, en la intimidad más celestial de cada uno, con el calor del cuerpo, también sumado a la temperatura del agua, la pantalla de transparencias que se da en el espejo de la pared y el vidrio… la soledad más absoluta que escribe “¡aaahhhayyy… ay de mí! Se abre la puerta del baño y ya no está ni el grafiti ni el ser humano que lo habilitó y por un instante supremo lo habitó.

También se podrían agregar los grafitis en los espejos de los camerinos de teatro, las intrigas y comentarios locuaces, nadie sabe de nada y entre corrillos se sabe lo que se ignora. El trágico destino de “el payaso”, que hace reír a los demás, mientras que por dentro está hecho pedazos.

El quinto grafiti, su quinta esencia, es el virtual, grafiti en la virtualidad.

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