Grupos de poder

Los procesos de cambio, en el campo político, son complejos porque van de la mano con lo económico y con la producción

Los procesos de cambio, en el campo político, son complejos porque van de la mano con lo económico y con la producción de discursos ideológicos. El nuevo gobierno traía una propuesta renovada que puso a correr a los sectores conservadores: cámaras patronales, partidos tradicionales y los pequeños que se alinean según las condiciones del tiempo, medios de comunicación masivos y a los estrategas del mercado. ¿Por qué resulta extraña la salida de algunas franquicias de marcas reconocidas y otras aves de paso? ¿Y las empresas nacionales? –Unas quebradas- que se quejan hasta de la sequía de Guanacaste porque el actual gobierno es responsable del sol y la lluvia. ¿Y la profecía esperada del TLC y su abundante riqueza?

Pronto, la alianza de “emprendedores” se da cuenta de que el gobierno es complaciente con los sectores minoritarios y con los medios de comunicación que le hacen el juego entre la chota y la alabanza. Se le interpela por su ambigüedad en la toma de decisiones y balbuceos que gravitan en amenaza de despidos. Pero, los representantes de las cámaras patronales optaron por golpear la mesa; otros, con mirada torva hacia la cámara, retan al presidente y ¡eureka! Los viejos socios del bipartidismo, en la Asamblea Legislativa, son mayoría y ahora sí sueñan con llevar a cabo todas las reformas: venta de los últimos activos, “regular” el empleo público y saquear las arcas del Estado: ¡El sueño dorado de la estirpe de Otto Guevara! Y el aplauso frenético de La Nación.

La tesis de los paladines neoliberales es eliminar los “pluses” salariales como si fuera una concesión partidaria otorgada por un inquilino de la actual Asamblea Legislativa. No obstante, ¿dónde queda el espíritu del constituyente que está plasmado en el artículo 60 de la Constitución Política?: “Tanto los patronos como los trabajadores podrán sindicalizarse libremente, con el fin exclusivo de obtener y conservar beneficios económicos, sociales o profesionales”. Y, ¿acaso el artículo 62 es baladí o una ficción jurídica que no tiene nada que ver con las necesidades de los trabajadores?: Tendrá fuerza de ley las convenciones colectivas de trabajo que, con arreglo a la ley, se concierten entre patronos o sindicatos de patronos y sindicatos de trabajadores legalmente organizados” (El destacado es nuestro).

Una propuesta para revisar los salarios y las convenciones colectivas de la función pública debe convocar a sus actores principales sin renunciar al mandato del constituyente y sin que se les endose a los trabajadores del sector público el déficit fiscal. (Se deja constancia de que no se cuestionan las bondades que promueven y conmueven al diputado Otto Guevara, a doña Sandra Pizsk, a Ottón Solís y otros distinguidos profesionales de la política local). Sin embargo, ¿ese es el único tema que se debe concertar? Y la evasión fiscal de los empresarios que no tienen ningún rubor en solicitar menos impuestos? ¿Los privilegios otorgados a las transnacionales, las exageradas pensiones que pasan de 7 millones hasta casi 20 millones? ¿Y el problema de la corrupción y los delitos que siguen haciendo fila en la Fiscalía? El saqueo de institución emblemáticas: la Caja, el ICE, Ay A…? ¿Dónde queda la distribución de la riqueza?

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