Hermenéutica

En sus inicios: hombres, mujeres y niños se pudrían en recintos insalubres, con jornadas de trabajo de hasta 18 horas de trabajo al día,

En el espectro del espacio y el tiempo, más de cuatrocientos años pesan en el devenir de la humanidad; este largo tiempo ha abarcado a toda la Tierra, bajo el régimen capitalista, que, reaccionario y conservador, recurre a los más bárbaros medios para no ceder su hegemonía.

En sus inicios: hombres, mujeres y niños se pudrían en recintos insalubres, con jornadas de trabajo de hasta 18 horas de trabajo al día, y salarios miserables, en las metrópolis; así mismo, en la periferia, con el agravante del despojo de la tierra, los minerales, y el genocidio de los pueblos originarios. Hasta ahora, no han sido suficientes las revoluciones populares, como la francesa, que proclamó: “Igualdad, libertad, y fraternidad “. El sistema capitalista, con sus artimañas, convirtió esos principios en “papel mojado”.

 

(parte 1)

Hoy, en su evolución, el sistema ha concentrado en manos de un pequeño grupo, enorme riqueza, dejando del 80 a 85 % de la humanidad en situación estrecha, pero, es más, con más de mil millones de seres humanos en la pobreza que, en muchos casos, mueren de hambre; la desigualdad económica, política y social es, ya,  intolerable.

A mediados del siglo XIX, más claramente, se inicia la formación y operación del capital transnacional, que establece alianzas con las oligarquías de los  países periféricos y, a través de ellas, atenazan a toda la humanidad.

El sistema capitalista tiene como fin primordial, la ganancia y la reproducción ampliada del capital;  para tal fin, recurre a todo: a la mentira “de su democracia”, al agiotismo, a la guerra de rapiña, a la evasión de impuestos, aun siendo forzosamente bajos, a la evasión fiscal, a los subsidios de privilegio, al lucro, a los sobornos, en fin, a cualquier forma de corrupción.

El sostén del sistema se encuentra en los salarios pagados a trabajadores manuales e intelectuales, a quienes, de acuerdo con su producción y productividad, se les expropia día a día, la riqueza que proporcionalmente producen. El capital alega que los medios de producción son de su propiedad y ello legitima sus ganancias, pero históricamente sus riquezas son producto de esa expropiación que han sufrido las y los trabajadores manuales e intelectuales, en la larga historia explotadora del capitalismo. Su individualismo y la apropiación privada de la riqueza son enemigos de la equidad y la justicia para las mayorías.

El fundamento económico del capitalismo impide la verdadera democracia, tal y como la planteara Abraham Lincoln: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. El gran poder económico, acumulado por el capital transnacional, en alianza con las oligarquías, secuestra al Estado y sus instituciones, para tener todo bajo su servicio. La desigualdad económica, política y social, es la causa de la violencia, emergente, de la marginación, exclusión, pobreza, miseria y muerte que sufren más de mil millones de seres humanos en la tierra; en Costa Rica, nuestro pequeño país, hay un millón de pobres.

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