Hombres feministas, cuarta ola de la igualdad

Desde el siglo XVIII, con la primera ola feminista (principalmente, basada en el posicionamiento de los derechos civiles de la mujer),

Desde el siglo XVIII, con la primera ola feminista (principalmente, basada en el posicionamiento de los derechos civiles de la mujer), cuando, someramente señalando, figuraron mujeres como Olympe de Gouges (1748-1793), quien redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), en el marco histórico de la Revolución Francesa; o, Mary Wollstonecraft (1759-1797), autora de Vindicación de los derechos de la mujer (1792), cuya frase posicionó a la mujer como un ser paralelo al hombre, externo a él: «No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas»; los hombres han sido mermados a mostrar simpatía y galanteo con tales corrientes de pensamiento, por cuanto, los intereses de las mujeres y sus luchas, fueron consideradas (y aún se consideran, en pleno siglo XXI) pantomimas irrelevantes, circunscritas a necesidades de orden doméstico. Es hasta el siglo XX, con pensadoras como Simone de Beauvoir (1909-1986), autora del ensayo El segundo sexo (1949), perteneciente a la segunda ola feminista (basada en la articulación por los derechos políticos mujeriles, sucintamente); o, Marcela Lagarde (1948), escritora de Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, relacionada a la tercera ola feminista (fundamentada en la figuración de los derechos sociales de la mujeres); por mencionar algunas destacadas, cuando se vislumbra una potencialización de las luchas feministas, con respecto a los derechos políticos, sociales, culturales y económicos mujeriles.

No obstante, ante tantas luchas y reivindicaciones por la igualdad, ¿dónde quedaron los hombres? Es cierto, lamentable, pero verídico, que algunas feministas visualizan al hombre como sujeto máxime promotor de la represión sexual hacia las mujeres; sin embargo, tal visualización, cual no es completamente errónea, es producto del mismo sistema patriarcal, en el cual, los hombres no han podido simpatizar con las estructuras ideológicas feministas, por reticencia a la pérdida de la masculinidad tradicional, falocentrista, arrastrada desde los vestigios del pasado: esas épocas donde las mujeres eran objetos de satisfacción, reproducción y servidumbre, en función del hombre. Aspectos que se evidencian, en la actualidad, mediante: la cosificación de la mujer, por parte de los medios de comunicación; la deslegitimación del trabajo femenil, mediante la desigualdad salarial; la credibilidad dudosa hacia instituciones como el INAMU, entre otros ejemplos.

A pesar de ello, hay una característica emergente positiva en la actualidad, proveniente del siglo XX; brumosa, pero no ausente, en los siglos pasados: hombres feministas comprometidos con la igualdad, sin temor a la majadería articulada machista. ¿Quiénes son? ¿Qué piensan? Los hombres feministas son personas cuyo pensamiento estriba en la equidad y la necesidad de igualdad, en aspectos económicos, políticos, sociales y culturales; así como, representantes de las diversas masculinidades existentes, ajenas al sexismo. Son hombres que, ante la vorágine de los sistemas político-económicos, descubrieron que los homo sapiens, de sexo masculino, no son suficientes para abarcar las vicisitudes de la sobrevivencia terráquea, sino, solamente el producto de una especiación dismórfica sexual; concluyendo (comprendiendo, vislumbrando) que, las mujeres y los hombres poseen las mismas aptitudes y actitudes ante la sociedad global.

Para concluir, hay quienes afirman, con argumentación válida, que la cuarta ola feminista escurre en el desarrollo del transfeminismo, las teorías queer, los movimientos activistas feministas (como FEMEN), entre otros; mas, personalmente, agrego a los hombres feministas a tal lista, quienes han existido desde la primera ola feminista y cuya libertad de pensamiento se ha ido lubricando, paralelamente, a las victorias del feminismo.

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