Información embutida

La historia parece propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas. Rodolfo WalshEste lamentable resultado es motivado por la alta

La historia parece propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.

Rodolfo Walsh

La interpretación por parte de los medios de comunicación masivos, sobre los diversos procesos sociales alrededor del mundo, evidencia una persistente línea editorial en beneficio de unos sectores arraigados en el occidente neoliberal, por la defensa geopolítica de su posicionamiento y la expansión de sus áreas de influencia, y es a través de sus matrices de opinión donde crean notas para fabricar y respaldar los escenarios a su conveniencia. Esto nos provoca preguntarnos ¿Qué mecanismos utilizan para fortalecer estos canales de desinformación?

Este lamentable resultado es motivado por la alta concentración de los medios de comunicación en pocas manos, con lo cual logran influencia desde los niveles internacionales hasta los locales o viceversa, ya sea porque son los proveedores de la información, o sencillamente los medios locales pertenecen a estos, lesionando la veracidad y variedad de la información.

Esto  expone a la opinión pública a una información embutida, procesada en las grandes agencias de información y medios de comunicación que monopolizan este sector; no debemos olvidar que forman parte de emporios empresariales; por esto les resulta conveniente favorecer  la construcción de contenidos, desde un discurso que consolide y proteja sus intereses.

Crean productos informativos que reflejan una matriz de opinión mediante pseudoreportajes, editados en las oficinas centrales en correspondencia con sus intereses; así, la diversidad de voces y pensamientos son aplacadas por el grupo empresarial responsable del medio.

Poseen diversidad de canales de transmisión, tales como comentaristas que hacen alusión a los mensajes e imágenes reproducidas una y otra vez por el medio, utilizan imágenes de archivo sin contexto (fechas, lugares, entre otros), aluden a que la  fuente está por confirmar; son mecanismos útiles para transmitir información parcial y que “justifica” la utilización de términos tendenciosos. Esto evidencia los claros tintes de publirreportajes, que promueven para favorecer los intereses dominantes en los mercados de la información, como también garantizar la influencia y  protección de ciertas tendencias relacionadas con sus inversiones.

Esta situación se acreciente con la aparición de las redes sociales, donde un contingente de individuos anónimos son creados para producir y reproducir −de manera sistemática− contenidos acordes con la matriz de opinión dominante, y donde estos medios −como los “mejores” defensores de la libertad de expresión− promueven y reproducen, lo cual garantiza una difusión asimétrica;  aunque minutos después se evidencie su  descontextualización y falsificación, el medio no se hace responsable del contenido; por esta razón nunca muestran ninguna rectificación al respecto, de la desinformación promovida.

Estos medios demuestran  una constante  ausencia de análisis históricos; inclusión de diversos actores, exposición de los intereses relacionados y la ausencia de diferentes fuentes  de información, son entre otras estrategias de desinformación, las que facilitan la reproducción de hechos reconstruidos a conveniencia editorial, para respaldar la idea manifiesta de malos y buenos salvajes; los primeros se encuentran al margen de la bondad occidental, la rechazan, por lo cual son sujetos aberrantes, en cambio los buenos salvajes son aquellos que inmediatamente acogen el amparo y consejo de occidente; estos últimos son víctimas a respaldar.

Cambiar estos hechos de los que somos víctimas, es necesario desde la participación activa y protagónica de los ciudadanos, para favorecer el control y contraste constante de la información embutida, expuesta por los diversos medios de comunicación. Por esto se hace necesario denunciar y visibilizar las contradicciones de la información, mediante el uso de las plataformas digitales, pero  sin duda a través del mecanismo más eficaz entre ciudadanos: el “boca a boca” de sus conversaciones cotidianas.

Nuestras historias de esperanza, resistencias y memorias, son demasiado importantes para dejarlas en mano de corresponsales y representantes asalariados; somos nosotros y nosotras las responsables de que nuestras palabras e imágenes reproduzcan nuestras voluntades de vida y, más aún, ser defensores de estas ante los intentos diarios de manipulación.

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