La abstención: decisión moral y patriótica

En cada campaña electoral nos  advierte el poder que votar es un deber moral y patriótico, y presume nuestra obligación de elegir dirigentes. Hubo

En cada campaña electoral nos  advierte el poder que votar es un deber moral y patriótico, y presume nuestra obligación de elegir dirigentes. Hubo leyes que castigaban con multa el no presentarse a las urnas. Pero nadie fundamenta esta demanda más que en ocurrencias y argucias electoreras. Nadie puede decirnos objetivamente por qué votar es un deber moral y patriótico.

Entre el acto de elegir  dirigentes corruptos −como los que hemos estado eligiendo desde hace muchos años− o deslegitimarlos moralmente mediante el abstencionismo, el ciudadano honesto debiera recurrir a la segunda opción. Más lógico y sano sería que nadie se sienta obligado a ser cómplice, mediante el voto, de un sistema envilecido que tanto daño le hace  a la sociedad.

Otro argumento rancio y engañoso que utiliza el poder es que si usted no vota, no puede luego quejarse de un mal gobierno; siendo precisamente lo contrario: Solamente quien no vota es el que  protesta a priori contra la legitimidad de un mal sistema o gobierno. Es el único que ha previsto lo malo que será otro gobierno; el único que se queja, ¡pero a tiempo!

Observe que al decir que “si usted no vota no tiene luego derecho a quejarse de un mal gobierno”, hasta el poder mismo está presuponiendo que cualquier gobierno va a ser malo; ni siquiera nos imaginamos que digan que “si usted no vota no tendrá derecho a disfrutar de los beneficios que traerá el nuevo gobierno”. ¡El poder está convencido de que el próximo gobierno será igualmente malo!

Cuando el voto blanco, nulo o ausente son  las únicas alternativas que tenemos los ciudadanos  que odiamos la violencia,  para oponernos a los desmanes de los políticos y al caos del sistema, entonces estas opciones serán de enorme importancia. Desgraciadamente el voto blanco y el voto nulo no cuentan para nada en la intención del ciudadano para deslegitimar a gobernantes corruptos, ya que, por artimañas del sistema electoral, carecen de toda importancia; mientras que el voto ausente es determinante en el escrutinio del importantísimo abstencionismo, única corriente deslegitimadora, y la más poderosa con que cuenta el ciudadano indignado.

Pero de todo esto, lo más importante está en la connotación que encierra en sí misma la figura de la abstención. Veamos: Normalmente el abstencionista es guiado en su psiquis por aspectos positivos; más bien virtudes, como serían su moderación, prudencia, cordura y  cautela; además de su sabiduría, meditación y patriotismo, porque no cuenta, hasta el momento en que debe emitir su voto, con elementos racionales y convincentes que lo determinen a hacerlo. Cuando debe votar en listas cerradas, por candidatos que no conoce, o que conoce a medias, y teniendo además en cuenta el precedente de que, en términos generales, los políticos por quienes ha votado en las últimas décadas solo daño le han hecho al país, no quiere entonces seguir siendo cómplice del ultraje de esa caótica política. Su abstencionismo es la voz de alarma para los que actúan llevados por sus impulsos y la propaganda, con una psiquis totalmente inversa; o sea, con imprudencia, fanatismo, patrioterismo, falta de moderación y ante todo falta de meditación sobre los culpables del sistema porcino y de la corruptela que nos ahoga.

Se podría decir que después de estar, por años, eligiendo tramposos en el poder, los votantes hemos incurrido “sin querer queriendo” en complicidad  e irresponsabilidad, además de configurar lo que en Psicología se conoce como una especie de locura, que consiste en estar durante años haciendo lo mismo, esperando obtener resultados diferentes. Y lo peor es que en la práctica ese voto irresponsable arrastra en su desgracia al ciudadano que piensa, al que no vota tratando de deslegitimar al impostor porque también, irremediablemente, será su dirigente.

Por su parte, los votos nulos o en blanco solo denotan, entre otras cosas, error, indecisión o debilidad del votante; no  son votos protesta contra el sistema, porque al fin y al cabo lo aceptan al ser emitidos en él; y queda dicho que desde el punto de vista de deslegitimación no tienen ningún efecto. La deslegitimación moral del ineficiente sistema y de los corruptos que se benefician de él, solo puede darse mediante el abstencionismo.

El desprestigio absoluto

En que el sufragio ha caído,

Por esta razón ha sido:

Arrastra el tonto al que piensa,

Compartiendo así la ofensa

Del impostor elegido.

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