La educación es holística

Don Arnobio Maya Betancourt, en su artículo “La educación, de verdad, debería ser holística” (Semanario No.2026), discute difusamente acerca del problema del holismo en

Don Arnobio Maya Betancourt, en su artículo “La educación, de verdad, debería ser holística” (Semanario No.2026), discute difusamente acerca del problema del holismo en la educación.

Como la holística comprende el lado práctico del holismo: doctrina metodológica que aborda la comprensión del mundo como un todo sistemático y sistémico, en este breve análisis se inducen algunos elementos de método necesarios para la comprensión del sistema educativo como complejo de procesos que persiguen un resultado cualitativo (todo) distinto del cúmulo matemático de sus interrelaciones (partes).

Dado que el principio holístico es ley probada por la ciencia moderna (aunque la filosofía lo haya planteado desde sus albores), podemos empezar diciendo que cualquier sistema educativo sustentado en una o más doctrinas pedagógicas (educación negativa, positivista, conductista, constructivista, etc.), por antonomasia se nos presenta como realidad holística. Aquí aún no se discute cuál sistema obtendría mejores resultados holísticos según convenga al sujeto de la educación; lo que se afirma es que todos darán sus frutos en dicho sentido, es decir, toda educación es holística, para bien o para mal; para beneficio de unos, perjuicio de otros o, a la larga, para beneficio o perjuicio de todos.

Arnobio Maya reprocha al profesor Carlos Díaz la ausencia de integridad conceptual en su propuesta, que más que holística es reduccionista, pues se limita “principalmente” a “la escuela activa”, a la que a la vez, paradójicamente, reconoce su aporte holístico al tema de la educación. Después niega holismo educativo a los “diversos ismos” derivados “del paradigma newto-cartesiano”: “el  pragmatismo, el materialismo, el positivismo, el racionalismo y el conductismo”. Además, enumera en forma ecléctica los “ismos” improductivos, sin discernir el materialismo de los demás, mezclando así lo general con lo particular, la corriente histórico-filosófica del “materialismo” con escuelas pedagógicas con matices que oscilan entre el materialismo y el idealismo. En el canasto de los ismos mete al materialismo “pelado”; no aclara si se refiere al materialismo ingenuo o primitivo (antiguo), o al materialismo metafísico (empirista, positivo, pragmatista) o al dialéctico (marxista) o, finalmente, al materialismo como corriente histórica de la filosofía. En fin, si juzgamos por el contenido de su artículo, para el profesor el marxismo como doctrina educativa no existe.

Aparte de que en su discurso don Arnobio parece separar los pensamientos filosófico y epistemológico, cuando el segundo es parte del todo que representa el primero, siendo tal división poco holística respecto del concepto de la primera forma histórica del conocimiento racional, el todo como “totalidad” hegeliana, cuya esencia interpretativa es idealista, aparece aquí como el demiurgo proveedor del entendimiento del todo o de “las cosas enteras… en su complejidad”, pudiendo así “apreciar interacciones, particularidades y procesos que por lo regular no se perciben si se estudian los aspectos que conforman el todo por separado”; algo así como la posibilidad de ver y entender lo que pasa dentro del bosque divisándolo desde lejos, sin entrar en él. Desde esta perspectiva metodológica y gnoseológica la ciencia sale sobrando.

Sin embargo, cabe reconocer que el modelo explicativo holístico de la realidad que se nos plantea, el cual representa el estudio integral de “las múltiples interacciones que la caracterizan”, es muy parecido al análisis dialéctico-materialista del mundo (realidad objetiva), a la dialéctica de las relaciones entre el todo y sus partes, entre la cantidad y la calidad, entre la causa y el efecto y entre lo general (objeto esencial de la filosofía) y lo particular (campo de la ciencia). La dialéctica materialista, según Lenin, considera imperiosa la necesidad de conocer el todo desde sus partes y las partes desde el todo. De ahí la unidad gnoseológica –necesaria también− entre la filosofía y la ciencia.

Si bien es cierto que hoy la física cuántica demuestra que el mundo es un sistema integral, que sus partes dependen del todo y el todo de sus partes, el origen de la concepción holística del mundo debemos buscarlo en el “fuego eterno” heraclíteo, que se prende y se apaga con arreglo a sus propias leyes, universales e integrales, y como diría Federico Engels, según las distintas formas de movimiento de la materia.

Quedarían por discutirse los alcances holísticos que el pueblo costarricense demanda del sistema educativo en tiempos de cambios paradigmáticos.

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