La hora de Costa Rica

El huracán de la corrupción que pasa por el país, tiene su lado positivo. Costa Rica ya no es la misma, aletargada por quienes,

El huracán de la corrupción que pasa por el país, tiene su lado positivo.

Costa Rica ya no es la misma, aletargada por quienes, a hurtadillas, se la estaban repartiendo.

Hay varias razones para alegrarnos:

– Un Poder Judicial fuerte y objetivo, con un Ministerio Público con autoridad, que sabe los límites que el ordenamiento jurídico les marca.

– Un Poder Judicial financieramente fortalecido, sin las sospechosas trabas del pasado que lo obligaban, humillantemente, a recurrir en «insistencia» ante el Ejecutivo

– Una Asamblea Legislativa y un Ejecutivo aprobando, ya, las reformas judiciales para un más eficaz y eficiente trabajo del Poder Judicial.

– Unos jueces y  juezas impartiendo justicia; sin titubeos pero imparcialmente, sabiendo que son los principales actores en este escenario que se abre hoy ante la mirada expectante de los costarricenses.

– Una Procuraduría General, una  Defensoría de los Habitantes y una Contraloría General, redefiniéndolas, desde sus cimientos, por ser esenciales coadyuvantes del Poder Judicial.

– Una Contraloría General de la República, en particular, ya no vista como un enorme edificio en manos de una persona, sino actuante con el ordenamiento constitucional y legal y un Contralor que renuncia, por conciencia y porque el pueblo se lo exige. Sin más leguleyadas: ya fue harto suficiente!

-Una Prensa, hasta hace poco, arrinconada, tímida y temerosa de demandas judiciales de mafiosos políticos y otras alimañas, hoy vive, respira, dice, se le ve, se le escucha, se siente su peso enorme entre los costarricenses que le han dado su merecido lugar. Los diputados, por ello, aprobarán, si más demora, pese a los sospechosos oponentes de siempre, las  esperadas reformas sobre libertad de prensa.

–  Unos políticos, los de lujo, aquellos que no pueden ver una tarima porque se quieren encaramar, a como de lugar, olvidados y odiados, buscando un trabajo, como debe ser. Ya el pueblo no quiere más sinvergüenzas que hace de sus puestos trampolines para zambullirse en millones de dólares, a costa de los pobres de este país.

– Y lo mejor, los costarricenses votaremos por personas honradas a toda prueba y que lo prueben, para que se encarguen de los asuntos públicos. El requisito es sólo ese: que prueben ser personas honradas, trabajadoras y que se conformarán con el pago que su puesto devengue y nada más. No se quieren «sacrificados»; tan sólo personas deseosas de servir al país. Seguramente, para algunos, es mucho pedir, por lo que lo mejor es que se aparten,  ahora que pueden hacerlo.

¡Alegrémonos, porque le llegó la hora a Costa Rica!

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