La tradición del Semanario: el país y la UCR

Cualquiera sea el futuro del Semanario Universidad no cabe duda que su equipo periodístico actual tiene lectores tan compenetrados con su estilo y contenidos

Cualquiera sea el futuro del Semanario Universidad no cabe duda que su equipo periodístico actual tiene lectores tan compenetrados con su estilo y contenidos que adivinan incluso lo que aparecerá en él antes de que circule.

Este lector zahorí ejercita su magia a veces porque teme al medio y en otras porque la cultura periodística que representa lo emociona y torna proactivo. Es el caso de la anticipada ‘respuesta’ de la politóloga Ana Lucía Hernández-D a un artículo mío que sería publicado en el n°1957 del semanario y que, intuición mediante, apareció en el mismo número. Su título, extenso: “Retos futuros de la dirección del Semanario Universidad. Respuesta al artículo del Dr. Helio Gallardo”.

El artículo, con algunas inexactitudes, es valioso porque ubica el punto de la permuta del semanario en lo que la politóloga estima es el contexto de la urgencia del cambio. Este contexto sería el de una corrupción rampante en el seno de la Universidad de Costa Rica. Da ejemplos de la vileza. Repito tres: programas de la Rectoría recién pasada financiados con miles de millones sin resultados fructíferos. Decenas de plazas dadas en propiedad con trámites inusuales. ‘Compra’ de votos con iPhones e iPads en la última elección de Rector. En breve: la UCR sería algo equivalente al MOPT y su trocha de la patria. Al callar la corruptela, el periódico se hizo cómplice. Laura Martínez tiene que irse.

En el país, este es juicio nuestro, la corrupción y venalidad, cosas distintas, tienen entre sus factores desencadenantes la concentración de poderes, su feudalización y el clientelismo. Esto entrega al Estado/Gobierno, en su conjunto, caracteres patrimoniales que alientan la venalidad de reyes, barones, condes, princesas y vasallos. La UCR habría sufrido un proceso semejante, no igual, al del Estado costarricense. Su corrupción sería institucional y sistémica. La politóloga Hernández no da nombres en relación con el fenómeno (sí menciona a la pasada Rectoría) y confía en que en su primer informe a los universitarios el Dr. Jensen revele esta realidad. Por ahora, hay que cambiar al semanario volando a su Directora.

¿Se da un proceso de feudalización de la Universidad de Costa Rica cuyo alcance y efectos nadie ha estudiado? La respuesta, aceptando el juicio de Hernández, es sí. La existencia de barones, condes, princesas, etcétera, en su seno es quizá hipótesis fecunda para explicar muchas de sus más graves disfunciones. El asunto compromete a espacios institucionales como el de Rectoría, Vicerrectorías, Decanatos, Escuelas y sus Direcciones y a las Oficinas Administrativas. ¿Un cambio en la Rectoría, gente sana en odres corruptos, puede eliminar con un soplo este desarreglo al que remite la politóloga Hernández? ¿Se repondrá la UCR de su letal virus cambiando solo el equipo de trabajo del Semanario o habrá que asumir acciones sólidamente más amplias, incluyendo demandas responsables y fructíferas en los circuitos judiciales? Tema fiero hasta ahora inédito.

Dentro de la Universidad se inscribe el Semanario. Uno de sus caracteres es la denuncia en la medida de sus fuerzas (medios flacos y seguridad institucional débil)  de la feudalización del país. Lo prueba semana a semana. Basta mirar su portada. Si la UCR se ha feudalizado, a juicio de Hernández, el periódico no lo evidencia con igual fuerza. ¿Tiene el peso institucional para hacerlo? Nadie lo ha hecho hasta el momento con firmeza y públicamente. Ana Lucía Hernández pone el asunto en agenda. Confía en que el Dr. Jensen también lo hará. Y que actuará.

Retornando a los sopliditos usualmente estériles, lo que convendría en el caso del Semanario Universidad es dotarlo, con ésta y cualquiera otra Dirección, de una firmeza institucional que le garantice independencia y profesionalismo. Con una imagen: que el equipo de Rectoría, respalde una urgente legislación interna que otorgue estabilidad a sus periodistas para cumplirle al país y a la UCR de modo que ningún cambio de autoridades (sanas o feudales) frustre ese deber. Si así ocurriera, estoy seguro que el actual equipo del semanario, Laura Martínez a la cabeza, saldría feliz de sus funciones sabiendo que han jugado el papel que siempre quisieron jugar: hacer periodismo para un país y una UCR no feudalizados y humildemente al servicio de los sueños humanos más altos.

Pero no es para nada seguro que las actuales acciones para removerlos se inspiren en esos sueños.

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