La trampa del TLC

Pocas veces en nuestra corta historia,  un asunto de capital importancia para el Estado nacional y el pueblo costarricense, ha sido discutido tan extensa y

Pocas veces en nuestra corta historia,  un asunto de capital importancia para el Estado nacional y el pueblo costarricense, ha sido discutido tan extensa y profundamente como el tratado de libre comercio entre Costa Rica y los Estados Unidos que los personeros del COMEX firmaron en Washington.

La discusión y las explicaciones sobre las consecuencias del tratado, han sido llevadas hasta los últimos confines de Costa Rica. Iglesias, comunidades, colegios y universidades, instituciones y otros centros de trabajo, medios de comunicación, grupos comunales, sindicatos o cooperativas, han sido escenarios de debates, conferencias y explicaciones sobre los contenidos y las consecuencias de este tratado.

En el último medio siglo, ningún asunto había requerido una mayor demostración de energía, reflexión y pensamiento crítico. Desde 1856, ninguna amenaza había puesto de manifiesto, con mayor fuerza y claridad, la capacidad analítica y la voluntad de resistencia del pueblo costarricense frente a una amenaza externa.

A pesar de todos los esfuerzos, decenas de miles de costarricenses no tienen aún la información necesaria para comprender a cabalidad los peligros del tratado. Entretanto, los mismos que lo firmaron en Washington, desarrollan una campaña multimillonaria apoyada en fondos provenientes del exterior. Esta campaña despliega, a vista y paciencia de las autoridades públicas y del TSE, la bandera de Costa Rica.

 

 

Pero deseo manifestar una enorme preocupación. Mientras las organizaciones cívicas de todo el país apoyan con trabajo y recursos intelectuales la lucha contra el TLC, el país está sumergido en una nueva campaña electoral, cuyos resultados afectarán profundamente el futuro de Costa Rica. De modo que constituye un grave error empeñarse en combatir los reales y nefastos efectos del TLC, sin apoyar simultánea y decididamente, a las fuerzas patrióticas que participamos en esta campaña.

Es en este sentido que el TLC se convierte en una trampa para concentrar la atención y capturar las energías de las personas y organizaciones que, de buena fe, suponen que su única tarea es combatirlo, mientras cierran los ojos ante el hecho decisivo y fundamental de la lucha electoral y de la lucha por la conquista del poder político.

He escuchado declaraciones irresponsables que denuncian una supuesta inexistencia de alternativas o proyectos electorales progresistas. Aquí no hay ingenuidad. Esas declaraciones les hacen abiertamente el juego a los enemigos de Costa Rica ¿Cómo podríamos por un lado combatir el TLC y a la vez no hacer el menor esfuerzo por impedir que esos enemigos se apoderen del gobierno y la Asamblea Legislativa?

El desencanto por la política es un formidable aliado de las fuerzas anexionistas. Entre menos gente se interese por la política, mejor para ellas. Siendo una minoría, la extrema derecha agrupa sus fuerzas y sus votos. Los patriotas en tanto, claman contra el TLC pero no llaman al pueblo a votar masivamente contra ella. La extrema derecha trabaja con suma inteligencia. Un sector nos atosiga con una campaña multimillonaria orientada a la cacería de votos pero otro grupo, con no menos recursos, realiza el trabajo sucio en defensa del TLC, apoyado en una interminable cadena de mentiras, falacias o verdades a medias. En cambio nosotros, que somos puristas y anti electoreros, recorremos el país haciendo conciencia contra el TLC, pero no llamamos a la gente a votar.

¡Eh aquí la paradoja! ¡Eh aquí la trampa!

* Candidato Presidencial por el Partido Rescate Nacional

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