Las elecciones en El Salvador

A partir de la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992 y su puesta en práctica, comenzó a desarrollarse una nueva

A partir de la firma de los Acuerdos de Paz en enero de 1992 y su puesta en práctica, comenzó a desarrollarse una nueva institucionalidad en la República de El Salvador.

Obviamente, la situación política comenzaba a tener cambios importantes.

La guerra civil había terminado, más no así los grandes problemas sociales y económicos. Precisamente en las nuevas circunstancias políticas, el FMLN tenía que poner en práctica un trabajo de educación política, con el fin de organizar las luchas sociales por la justicia social a través de los movimientos sociales y del trabajo en las alcaldías, Asamblea Legislativa, y otras instituciones del aparato del Estado, vale decir, Tribunal Supremo Electoral, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la República, Ejército Nacional, Policía Nacional Civil.

De modo que así quedaban atrás más de sesenta años de lucha revolucionaria y comenzaba una nueva etapa histórica de luchas dentro del marco de la legalidad y la nueva institucionalidad, generada por el Acuerdo de Chapultepec.

En las nuevas condiciones históricas, por lo demás harto difíciles, pues para nadie es un secreto el alto nivel de dificultad que significó pasar de ser organizaciones políticas clandestinas de izquierda trabajando por separado, luego conjuntarse en un proyecto novedoso político-militar, como lo fue el FMLN y de ahí pasar a constituirse en partido político, y entonces plantearse el objetivo estratégico de convertirse en verdad en una fuerza política hegemónica capaz de optar por el Poder, pero dentro de un Estado que se caracterizaba en las nuevas condiciones ya como un sistema de partidos políticos.

El FMLN comenzó −con mucho esfuerzo y enorme voluntad política− a construirse como un verdadero partido político revolucionario, y es así, como llevó a cabo esfuerzos organizativos y de institucionalización, realización de convenciones municipales y departamentales, hasta culminar con la Primera Convención Ordinaria del 4 de septiembre de 1993; esta Convención fue una muestra fehaciente de la vitalidad política de este nuevo partido de la izquierda salvadoreña.

En esta Convención, se aprobó la participación en las elecciones generales de marzo de 1994, se autorizó al Comité Político Nacional a concertar coaliciones, pactos, entendimientos políticos que fueren necesarios. Para las elecciones de 1994 se apoyaron las candidaturas del Dr. Rubén Zamora a la presidencia de la República y del Dr. Francisco Lima como vicepresidente.

Es muy importante apuntar, que ya desde esas elecciones el FMLN surgió como segunda fuerza política nacional, con bases electorales y políticas en los 262 municipios del país; se ganaron 15 alcaldías y se obtuvo una fracción parlamentaria de 21 diputados a la Asamblea Legislativa.

Ahora bien, no todo ha sido color de rosa; ya en el año 1994 el Ejército Revolucionario del Pueblo y la Resistencia Nacional −dirigidas por el político Joaquín Villalobos− decidieron trabajar en la línea de convertir al FMLN en un partido “socialdemócrata”, abandonar las filas revolucionarias y tomar partido en el campo de la derecha, autodenominarse supuestamente de “centro”.

En el año 1995 se dio un proceso político muy aleccionador; después de muchos debates, el Consejo Nacional determinó que el FMLN debía transformarse en un partido de tendencias y, además, en un partido socialista. Ello significó trabajar por la gradual disolución de las estructuras de cada partido y dar paso a estructuras únicas. Fue así como la Convención Ordinaria de diciembre de 1995, resolvió que el FMLN dejó de ser un partido de partidos y agrupamientos, y transformarse en un partido de tendencias en transición hacia una nueva fase superior, en el proceso de construcción de un solo partido unificado.

Como se comprenderá, el proceso de construcción de la vanguardia revolucionaria salvadoreña ha sido eso: un proceso de encuentros y desencuentros, de discusiones teóricas, de definición de la táctica y de la estrategia, en el espíritu de comprender que un partido revolucionario se fortalece depurándolo, pero a la vez hay que enriquecerlo en el día a día, con las luchas de la más diversa naturaleza, siempre teniendo como eje central el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad en general, pero muy particularmente de los más caros y sagrados intereses de la clase trabajadora.

Esa ha sido la apuesta del FMLN, y sobre todo alrededor de un programa, una estrategia y la reafirmación de su naturaleza revolucionaria, para actuar en consecuencia con los desafíos y retos históricos, que siempre están a la orden del día.

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