Las pavas tirándoles a las escopetas

En artículo del 29/02/12 el profesor Iván Molina me acusa de que mediante burdas tácticas descalificatorias procuro enmascarar una débil, contradictoria, absurda y prejuiciosa

En artículo del 29/02/12 el profesor Iván Molina me acusa de que mediante burdas tácticas descalificatorias procuro enmascarar una débil, contradictoria, absurda y prejuiciosa defensa de una mayor participación administrativa en la democracia universitaria, y de paso soslayar el “trasfondo académico de la problemática del profesor interino” al presentarlos como “víctimas de un odioso y elitista sistema de privilegios y prebendas”. ¿Está acaso en lo correcto al presentar así las cosas? No lo creo.

En defensa de una mayor participación administrativa, en artículo del 03/08/11 propuse que no porque los administrativos se definan como los funcionarios que tienen a su cargo funciones complementarias a las actividades universitarias sustantivas, se derive de tal delimitación de su razón de ser su exclusión como miembros con poderes deliberativos en la democracia universitaria, todo lo contrario, del hecho de que su razón de ser sea la de coadyuvar de la mejor manera en la realización de tales actividades y de que cualquier deficiencia o falla al respecto repercutirá profundamente en su realización y en particular en las funciones de dirección, liderazgo y responsabilidad docente-administrativas asociadas, se colige la pertinencia de esa mayor participación.

Pero, ¿qué es lo que deduce el profesor Molina de tales consideraciones? Pues, que además de pobreza argumentativa, sólo reflejan la omisión de las actividades fundamentales de la institución en que supuestamente incurro, y el desconocimiento que tengo de “las diferencias en cuanto a dirección, liderazgo y responsabilidad”, que el Estatuto Orgánico establece entre académicos y administrativos. Juzgue el  lector quien incurre aquí en debilidades conceptuales y burdas tácticas.

En ese mismo artículo afirmé además que, si por las diferencias funcionales fuera, “se excluiría también al sector estudiantil de todos los órganos de deliberación universitaria”, dado que es obvio que si bien participan directamente de las actividades sustantivas, no es a ellos a quienes corresponde dirigirlas ni en ellos en quien descansa la responsabilidad por su éxito o fracaso.

¿Y qué es lo que el profesor Molina concluye de estos  comentarios? Pues que equiparo la condición de los administrativos con la de los estudiantes. ¿Quién es el pobre analíticamente hablando aquí?

En artículo del 14/09/2011 sostengo que con el Reglamento de Régimen Académico y Servicio docente, se instaura un sistema de inequidades en perjuicio del profesor interino y que “encubrir las injusticias inherentes a las prácticas instituidas por ese sistema bajo la fachada de un proceso de selección de nuevos cuadros académicos, y aducir que el crecimiento sostenido del número de interinos se relaciona…con el insuficiente desarrollo académico o la falta de compromiso de quienes están en esa condición, me parece sesgado, oportunista y elitista”.

¿Y qué es lo que sobre esto responde el profesor Molina? Pues que de manera “débil, contradictoria y prejuiciosamente” presento a los profesores interinos “como víctimas indiferenciadas de un odioso y elitista sistema de prebendas” y que imputo “una tácita complicidad a todos los académicos en propiedad de la UCR por la existencia de ese sistema”. ¿Quién cae en la burda descalificación aquí?

Sobre esta situación del profesor interino agregué en artículo del 10/01/12 que pretender explicar que la mayoría de la población docente se encuentra en condición interina obedece a las diferencias que en esta población se dan en torno a los esfuerzos de unos “por cumplir responsablemente con sus labores, mantenerse al día con los avances de su disciplina, investigar y publicar y otros, también interinos, no lo hacen”,  “si es que explica algo lo será  para los lectores de La Nación S.A. o quizá para estas nuevas generaciones de posgraduados del exterior, no para los académicos que hemos vivido durante más de un cuarto de siglo el día a día de la formación, la investigación y la extensión social universitarias”.

¿Y qué es lo que de estas consideraciones deriva, merced a su fortaleza conceptual y analítica, el profesor Molina? Pues que ello evidencia un acto de “descalificación masiva de sectores específicos de la población nacional” y la actitud prejuiciosa de “quien convierte su propia experiencia personal en el único criterio válido de interpretación”. Por favor: ¿Los comentarios de quien son los que colindan aquí con lo absurdo?

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