Las “revoluciones” árabes

Aunque parezcan increíbles, los cambios en algunos países del norte de África están estrechamente relacionados con América Latina, tal como lo estuvieron en el

Aunque parezcan increíbles, los cambios en algunos países del norte de África están estrechamente relacionados con América Latina, tal como lo estuvieron en el pasado  la destrucción masiva de Chorrillos, Panamá, con la invasión posterior a Irak.

 En Chorrillos, a partir de aquel miércoles 20 de diciembre de 1989, se experimentaron  armas y bombas “inteligentes”, que luego sirvieron con eficiencia en Irak. Hoy, gracias a la utilización de las redes sociales, se ensayan movilizaciones de masas y hasta prueban la efectividad de ellas en Egipto, Libia, Yemen, etc.

Documentos en nuestra manos muestran cómo a partir del 2000 la Internet, los teléfonos móviles, los escáneres, computadoras de bolsillos, antenas desplazables, etc., son auxiliares indiscutibles para los grandes centros de poder económico y militar, a fin de monitorear a lo interno de las naciones no afines a aquellos. Buscan además tener  un parámetro bastante exacto de los  líderes tradicionales y contrarrestar todo asomo de democracia participativa.

 

Este año y durante una huelga organizada contra el gobierno venezolano por estudiantes y opositores quedó probada, sin ninguna duda, la función política de las redes sociales  más allá de los inocentes mensajes de amistad y negocios en ellas: Chávez echó para atrás la llamada reforma universitaria.

Por otra parte, el libro titulado “Los disidentes” en Cuba  –compendio de testimonios, fotografías y entrevistas a personajes, entre otros- da cuenta de los intentos diplomáticos estadounidenses por estructurar en ese país un moderno sistema de convocatoria a los opositores mediante las redes sociales, desde la oficina de intereses norteamericanos en La Habana. Esto alcanzó relevancia a partir del 10 de setiembre de 2002, cuando el diplomático James Cason asumió dicha oficina y repartió dinero, recursos tecnológicos y  llenó su agenda de reuniones –unas disimuladas y otras no tanto- con cerca de un centenar de periodistas, “defensores” de los derechos humanos, y  dirigentes de ONG, sin saber que entre sus supuestos hombres de confianza había agentes de la seguridad del Estado.

Si lo anterior resultara risible, no así lo es el publicitado juicio penal recientemente celebrado contra el constructor estadounidense Alan Gross Gross, cuya libertad exige el gobierno de Obama, en tanto la fiscalía cubana lo tiene como uno más de quienes  atentaron contra la revolución en ese país.

El caso Gross se las trae de principio a fin. Hombre de 61 años entró a Cuba con  visa de turista. Al poco tiempo fue cogido con las manos en la masa repartiendo computadoras, celulares y otros utensilios tecnológicos compatibles con la Internet, a elementos contrarrevolucionarios, según la fiscalía cubana. 

 Esta  fiscalía  reseñó que Gross pretendía «crear redes clandestinas de infocomunicaciones» para fomentar «provocaciones contrarrevolucionarias».

Según el acusado, él fue «utilizado y engañado» por Developments Alternatives INC, la empresa que lo contrató supuestamente para ejecutar en Cuba un programa de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID), que destina $40 millones al año para promover cambios en la isla.

El diario Nuevo Herald, por su parte, cuenta que a raíz de la detención de Gross el gobierno norteamericano incluyó a Cuba dentro de la lista de países considerados «patrocinadores del terrorismo», enrareciendo así las ya maltrechas relaciones entre La Habana y Washington (ver “La cronología del caso Gross”: http://www.elnuevoherald.com/2011/03/03/896591/la-cronologia-del-caso-gross.html).

Así América Latina  alcanza hoy notoriedad, gracias al creciente desarrollo de las redes sociales y, a la vez, se convierte en un grandioso y efectivo laboratorio. ¡Que lo diga Gadafi o Mubarak!; sin embargo, las supuestas “revoluciones” en los países árabes,  “espontáneas” y “juveniles”, están por verse en su esencia y forma: Percibo más bien que estos viejos líderes del norte africano dejaron de ser útiles para quines sirvieron por tantos años, debido a la crisis cíclica  en los  centros de poder que buscan petróleo y  mercados sin fronteras, gracias a la capacidad que tienen de redireccionar sus redes sociales.

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