Levantando edificios

Quiénes levantaron la Catedral de San José, o el Estadio Saprissa, quiénes fueron los que diseñaron y levantaron el puente Rafael Iglesias Castro, o

Quiénes levantaron la Catedral de San José, o el Estadio Saprissa, quiénes fueron los que diseñaron y levantaron el puente Rafael Iglesias Castro, o quiénes abrieron muchas carreteras de nuestro territorio, sino puros costarricenses: ingenieros, choferes, armadores, arquitectos, albañiles, fontaneros, peones. 

Por supuesto, en muchas de las obras hubo diseñadores y operarios extranjeros, pero la mayor parte del esfuerzo de levantar los cimientos, abrir las trochas, alistar el terreno, preparar las vigas y armar la estructura en general, fueron hombres y mujeres costarricenses.

Grandes edificaciones de las principales provincias del país fueron realizadas por costarricenses. Recuerdo a mi padre trabajando, junto con otros compañeros de labor, en construcciones importantes en San José, muchas veces a altas horas de la noche para poder entregar a tiempo la obra. No sé por qué designios se usaba chorrear las vigas en la noche, pero ahí estaba dirigiendo, fajándose como los buenos.

Cuando nuestra educación primaria tuvo su auge en coberturas, quiénes sino ticos levantaron las escuelas en distintos puntos geográficos del país. Costarricenses, dentro de la planilla estatal, construyeron infraestructura educativa por todo el territorio nacional, y le dieron el mantenimiento adecuado, hasta que llegó la crisis; ya el Estado no se dedicaría a construir: concesionaría. Se nos trató de convencer que para eso la empresa privada estaba mejor capacitada y comenzamos a repetir lo inútil que se volvió la administración pública.

 

Quiénes sino ticos, levantaron edificios para colegios y los de las propias universidades, hasta que llegaron los préstamos de fondos internacionales que limitaron la contratación interna, para dejarla al arbitrio de órganos externos, con todas las carencias de una administración ineficiente y cargada de errores básicos, verbigracia la calle a Caldera.

Ahora se nos vende la idea de que la construcción del Estadio Nacional (¿nacional?), fue posible gracias al amor al trabajo de los chinos y a su disciplina. Se nos dice, que si lo hubiéramos construido nosotros aún estaríamos en las primeras de tanteo y que la obra posiblemente no la hubieran visto las generaciones actuales. Claro, no ha sido de manera gratuita la inyección de ineficiencia a la administración pública alimentada por intereses económicos espurios.

No estamos enterados los ticos de las condiciones bajo las que laboraron los chinos en Costa Rica, pues en China se irrespetan los derechos humanos y, por tanto, posiblemente no haya derechos laborales, pues los segundos son consecuencia de los primeros. Sí nos enteramos de que esos enérgicos chinos, disciplinados y llenos de obediencia, en algún momento trasegaron materiales del estadio y algunos de ellos trabajaban en obras privadas cerca de La Sabana, según lo planteó la Cámara Costarricense de la Construcción. Y es que la obediencia en regímenes como los de la República Popular China es un acto no de disciplina, sino de conservación de la vida. El que no obedece, el que reclama o el que disiente, va para la cárcel, tal como le sucede al último premio Nobel de la Paz,  Liu Xiaobo, o ha de refugiarse en el exilio, como el escritor Gao Xingjian,  o bien pagan con su vida, como los estudiantes que murieron masacrados en la Plaza Tiananmen. La cifra de muertos (¿cientos, miles?) es un secreto de Estado.

Mujeres y hombres ticos en libertad, han construido en el pasado. En la actualidad se les coloca el sambenito de personas indisciplinadas, vagas, mano de obra cara que exigen garantías sociales y carentes de espíritu de lucha. Pareciera que nos complacemos con esas opiniones autodestructivas y no nos percatamos que sí hemos hecho camino, hemos hecho historia y no reconocemos el esfuerzo de costarricenses que, en silencio y tesoneramente, han contribuido a levantar este país.

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