Los timos de la acreditación

Entre las especificidades de los mecanismos de la globalización educativa, las universidades más poderosas se arrojan la potestad de establecer los “objetos” y métodos

Entre las especificidades de los mecanismos de la globalización educativa, las universidades más poderosas se arrojan la potestad de establecer los “objetos” y métodos de la investigación académica-científica, premiando a las universidades que voluntariamente acepten los parámetros de la “autoridad académica-científica” representada por ellos.

Las universidades acreditadas son aquellas que asumen sin cuestionamiento substancial la autoridad de las universidades más poderosas, que no son necesariamente ni las más antiguas ni las mejores.

Curioso es que se acepte de buenas a primeras los ‘rankings’ mundiales de las supuestas mejores universidades.

Entramos aquí, si se quiere, a plantear de nuevo y hasta el cansancio, las antiquísimas interrogantes infantiles:

–       ¿Las universidades públicas  no acreditadas aparecen en el ranking mundial?

–       ¿Todas  las universidades aparecidas en el ranking, envían sus representantes como evaluadores para elegir los criterios y los lugares que ocupan las instituciones en los rankings?

–       ¿Si en los rankings mundiales participan las universidades privadas, no es preciso decir que criterios privados evalúan a universidades públicas?

–       ¿No será acaso menos patético que existieran separadamente rankings de universidades privadas y, por otra parte, rankings de universidades públicas?

Lo que sucede es que la mezcla de universidades privadas con universidades públicas 1 da la impresión al lector ingenuo, que existe un ente justo, imparcial y carente de intereses subterráneos, a la hora de establecer y nombrar los lugares que ocupan las universidades en el cuestionable ranking internacional.

Depositar la confianza y creer en estos rankings, es como exigirles a las mentes despiertas y críticas que crean en los Premios Nobel. De esto conoce quien haya integrado alguna vez un jurado: ¿Quién lo eligió? ¿Quién elige a quien elige? ¿Y desde qué valores, intereses y parámetros eligen? ¿Y nos exigen a todos que aceptemos los valores y parámetros de una minoría? ¡Al carajo con esas necedades! ¡Todo se reduce a relaciones de poder! El poder seduce. O exige mal humorado. Y, si no se le baja la cabeza a sus caprichos, impone sus juicios y valores por la fuerza.

En términos más particulares, la voluntad de acreditación  exige implícitamente la obediencia del sector docente a sus políticas. Así, quien no publica en las revistas acreditadas no acumulará puntaje. Y lo curioso es que quien no haya publicado antes en una revista acreditada no podrá publicar  en una revista acreditada. ¿Absurdo no? Es como pedirle al huevo que haya sido antes un gallo. Se promueve con esta lógica una moral sumisa y servil por parte de los intelectuales y científicos que deseen publicar por vez primera en una revista acreditada, luego de obedecer obviamente, las reglas formales que imponen dichas revistas, “cumpliendo además con una serie de requisitos burocráticos que no habrían cumplido ni científicos como Einstein, ni intelectuales como Nietzsche, para dar una idea de cómo esto limitará el avance del desarrollo de la investigación universitaria nacional e internacional. Por ejemplo, para que un científico o intelectual pueda publicar en una de las pocas revistas “acreditadas” por esta comisión extranjera, deberá haber publicado previamente en otra revista “acreditada” o en la misma revista o haber sido mencionado en algún artículo publicado en estas revistas “acreditadas”. Por lo tanto: O el profesor universitario se hace amigo de la argolla de la sucursal de comisión de “acreditación” (…), o no podrá publicar en estas revistas. ¿Por qué sería importante publicar en estas revistas “acreditadas”?: Porque parte del plan de coacción de la investigación es que: el que no publica en estas revistas parametradas no acumulará puntaje”. (http://www.zavala.de/carmen/PrivatizacionUniversidadesPublicas.html)

Entre las reglas formales de publicación están los típicos resúmenes en inglés (la lengua oficial del poder en turno… luego será el mandarín) y el sistema de citación predominante, acaparado por el momento por APA. Gracioso: La “American Psychological Association” es la elegida para citar las fuentes y no alguna “autoridad bibliotecológica”.

¿Será acaso que estamos entrando en la era de la obediencia a ciegas?

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