Lucho, el hombre que germinó bajo la lluvia: ¿Contravención o doble moral?

“En medio de la calle, la máscara nos abrocha los botones evitando el rubor imprudente que a veces surge en las mejillas…”. “El público”.

En medio de la calle, la máscara nos abrocha los botones evitando el rubor imprudente que a veces surge en las mejillas…”. “El público”. Federico García Lorca

Llueve, todos corren, madres, hijos, hombres, ancianos y jóvenes, se refugian, con paraguas y sombrillas o sin ellas, se alarman y escapan.
Un segundo grupo, el tráfico denso de un viernes por la tarde, es «hora pico» y llueve torrencialmente, los marcadores de velocidad no alcanzan los 5 km/hr, gente desesperada, nadie cede el paso, la situación vial se convierte en estado de emergencia. Algunos hablan de recurso de hábeas corpus por encontrarse «detenidos» sin justa causa, o de Amparo, reclamando el derecho de libre tránsito, otros quisieran salir corriendo, aunque la lluvia les germine el alma.

El agua, el agua, indispensable para la vida, nadie piensa en ello, hay demasiado desorden para reflexionar en cosa tan trivial. En el atasco que afecta el orden público, nunca falta ofensa, colisión o hasta un disparo. Hay tensión, la vibración de baja frecuencia se contagia y afloran sentimientos de ira e insatisfacción.

«Todos temen a la lluvia ¿por qué? El agua germina la semilla que da fruto y alimenta. Nos enseñan a temerle a lo natural». Tal era el pensamiento de Luis Enrique Segura Nájera, conocido en el mundo artístico como Lucho. Fue cuando le sobrevino la determinación de caminar desnudo, él representando la semilla que germina. Al principio consideró la UCR como escenario, luego tuvo la certeza de que «los de afuera» tenían mayor necesidad; estaban atrapados en una tela de latas y humo, de malas energías y bajas emociones.

En contraste, para Lucho la lluvia era indispensable, pues un hombre no germina sin el agua que le cae del «cielo». Y con macetas en sus manos, pies descalzos y sin máscaras, arrancó junto a tres amigos el Performance, el regalo, la oportunidad para hacer reflexionar a una sociedad materialista, con doble moral, enajenados, que miran los cuerpos con morbosidad, siendo lo único que puede dar, transmitiéndolo a sus generaciones y perpetuándolo en sus instituciones (ver la incongruencia del diario Extra).

La sociedad está pobre de espíritu, al tiempo que mira y acepta los cuerpos desnudos en sugestiva actitud en los medios, le aterroriza cuatro jóvenes marchando con natural desnudez. Y

Mientras el Performance avanza bajo el aguacero, por la línea amarilla de San Pedro hacia Curridabat, llueven también las llamadas al 911.

El acto termina cuando, después de recibir la lluvia sobre sus cuerpos libres, con los pies en las macetas, suben desenrollándose sinuosamente, buscando el sol, contra la gravedad, como la sublime semilla que hace perpetuar la especie.
No obstante, la representación fue una manifestación artística censurada por la mayoría del público meta, pues hemos sido formateados perversamente, aceptando el morbo y censurando la naturalidad. Lo digno de censura es la doble moral, la falta de entendimiento consciente, porque nadie llama a «S.O.S.-911-emergencias» cuando los periódicos y la televisión muestran a sus hijos de todas las edades, los cuerpos cosificados, mercancías objetos del sexo, sembrando en el colectivo tabúes que terminan por denigrar el cuerpo. Nadie se alarma con la obscenidad que hormiguea en los celulares de los güilas y en las páginas del Internet. Tal vez es por eso, porque sobreabunda y sobreviene la costumbre.

Quizá sea necesario entonces, más gente sin máscaras, más personas conscientes, que tengan en alta estima sus propios cuerpos, que digan de una vez por todas, al diablo con el abuso del exhibicionismo del modelaje, de la agresión de los cuerpos irreales nacidos del fotoshop, precisan más personas libres del morbo y del tabú, hombres y mujeres que se acepten a sí mismos con defectos y virtudes, sin recriminarse, obsesionarse o reprimirse. También es necesario menos amarillismo en los medios, más sensibilidad en el periodismo y más reflexión en la sociedad, para que la persona humana salvaguarde su dignidad y  recobre su valor.

 

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