Me siento cono

“Cono”: objeto inanimado y piramidal veteado de rayas blancas y naranja, que mide unos 40 cms. de alto y que se coloca como prevención delante,

“Cono”: objeto inanimado y piramidal veteado de rayas blancas y naranja, que mide unos 40 cms. de alto y que se coloca como prevención delante, al lado o atrás de automotores o para advertir sobre accesos restringidos en las carreteras.

En esta Costa Rica de estos días ya es muy natural que el tránsito automotor (incluidas motocicletas, triciclos, patinetas y demás afines) tengan sus propias y particulares “leyes de comportamiento”.

Sí, no se pueden hacer falsos adelantamientos, pero se hacen. No se pueden hacer giros en U, pero se hacen. No se puede rebasar al conductor vecino por la derecha; o desde atrás y pasar a la izquierda y luego a la derecha; o desde atrás, luego a la derecha y luego al frente del rebasado; y tampoco se puede rebasar con alguno de esos vehículos por cualquier dirección inimaginable (por detrás, por delante, por ambos flancos o incluso entre las piernas) al peatón que camina por la acera. Todo eso no se puede hacer, pero se hace. Día a día se hace. Noche a noche se hace. Y también se hace madrugada a madrugada y días laborales o días festivos, días y noches, noches y días.

Sin importar dónde está uno, en un autobús, en un automóvil, en un taxi o andando a pie… No se preocupe usted, no faltará alguien que haga una de esas cosas que no se deben hacer en carretera. Resultado: por la carretera circulan automotores y en algunos automotores y similares parece que suele conducir alguien que dejó la humanidad en casa o la extravío para siempre en no sé sabe qué lugar del universo. Por eso se da lo que se da, incluidas la grosería, la falta de amabilidad. Los demás son considerados como muebles o cosas, como “conos” de carreteras, sin existencia humana real, cual estorbo sustituible y a vencer, como artefacto aparecido en la carretera a rebasar.

Sociedad consumista que pierde la personalidad de sí. Sociedad materialista que se autodestruye bajo el amparo de latas frágiles capaces de conducir a todos y a cada uno a la muerte. Sociedad que grita la imposición de “-¡cada uno con auto!”. Sociedad sin alma que no puede detener sus prisas, sus presiones, sus egoísmos y sus radicales indiferencias porque tiene que llegar temprano a un sitio, aunque para llegar a ese sitio se tome todos los días tres horas en llegar. Sociedad del desprecio y de las cosas, de las chucherías, del superegoísmo, del engreimiento, de la falta de límites y de la perdición de todos los mínimos horizontes para transitar al lado de los demás en el camino de la vida.

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