Nuevos y antiguos retratos

Pero tal vez Arias mira más allá de Chinchilla. Es bueno se brinque sus prestos malos humores y se torne zahorí. Menos propio resulta

Como durante la administración laurina sus negocios perdieron peso en los circuitos políticos, su edad y condición ya no le permiten aspirar a un tercer mandato, su hermano Rodrigo careció de la garra/talento mínimos para hacerse de una candidatura y su primo/sobrino Fernando Sánchez evanesce en las duchas de agua bendita del Vaticano, Óscar Arias se preocupa por los retratos de los próximos mandatarios que deberían ser colgados en el Salón de Expresidentes de la República en la Asamblea Legislativa (LN: 18/8/2013). Si el de L. A. Monge, con quien disputó recientemente como en cantina, no lo puede quitar (cosa que hizo con el monumento de Figueres el Bueno en “su” Plaza de la Democracia), tal vez estima que Chinchilla no pega en la colección. No es cuestión estética, porque seguro hay rostros de expresidentes menos agraciados. Arias, quien pregona su vocación para generar puentes, estima que Laura es “gelatinosa, blandengue, y malagradecida” (Poder, edic. 26, Año 2). Blandengue, su imagen quizás gotearía por el piso del Salón. De repente, pringa.

Pero tal vez Arias mira más allá de Chinchilla. Es bueno se brinque sus prestos malos humores y se torne zahorí. Menos propio resulta evadir sus adeudos en la producción del hoy desde el que mira el futuro. Arias ve un presente cruzado por grietas: empobrecimiento del debate público y de la capacidad de discutir y transar; una sensibilidad colectiva caracterizada por el cinismo y el autodesprecio, y una crisis en la gestación y renovación de liderazgos. Arias ha sido dirigente político significativo en el país por décadas. Alguna responsabilidad tendrá por el hoy.

En su visión, Arias recuerda a Max Weber y le atribuye definir al político como alguien que toma partido. Con independencia de lo que haya pensado Weber, político es quien trabaja para crear las condiciones que hacen que su toma de partido (decisiones) sea viable, en los sentidos de aceptable, legítima y eficaz. En Costa Rica partido toman hasta los árbitros de fútbol. Miles de costarricenses eligen día a día a la Extra Big Mac y desprecian la Chorreada Voladora Afrijolada de otra empresa. Estas decisiones no los transforman en políticos. Un político es un actor cuyo trabajo crea condiciones socio-culturales, o las refuerza, para que sus decisiones alcancen eficacia.

Arias cree que decidir apoyado en una mayoría electoral espuria, por clientelar y desinformada, polariza a la sociedad y que eso es bueno. La experiencia  latinoamericana de siempre debería informarle que “polarizar” en sociedades fragmentarias y dependientes acarrea tragedias y masacres. De paso, Arias desluce el conocimiento que Adam Smith tuvo de los perros. Habría escrito que nunca un perro ha sido visto intercambiando huesos con otro perro. De aquí se seguiría que transar es un rasgo único de los humanos. No es cierto. Los perros pequeños transan su turno cuando alguna perra está en celo. También negocian la paz en una riña arrojándose al suelo. Lejos de los perros, bonobas y bonobos transan todo sexo mediante. Arias en cambio nunca transó ni con Chinchilla ni con Ottón Solís. La primera no consintió sus deseos y el segundo lo adversó. Pese a eso, no es legítimo comparar a Arias con animal ninguno. Es un ser humano y también un político empeñado en inflar su figura hasta que no quepa en ningún espejo. O sea, un político flojo.

Añade Arias que “…ningún logro relevante se ha obtenido por consenso”. ¿Olvidó la alianza que permitió a Estados Unidos y Unión Soviética salir triunfantes de la Segunda Guerra Mundial? Cierto. Una ‘alianza’ táctica no es consenso universal ni cultural. Alemania, por ejemplo, se oponía. Pero aquí hablamos de geopolítica y guerra. No de trabajo político democrático. En este último el apoyo circunstancial tampoco implica consenso en las metas estratégicas.

Sobre el final del discurso, Arias predica a los jóvenes que “No es vanidad creer que uno puede cambiar el curso de la historia”. Pero aunque su Esquipulas cerró una situación de guerra en el área, no alteró el curso de su historia. Hoy América Central se desangra y sufre guerras porque no tiene condiciones para asimilar ni la mundialización,  ni la penetración del narco. Y si la historia se mide en los grandes espacios mundiales,  hoy las potencias occidentales se aprestan a destruir a Siria en beneficio de Israel y de los negocios de sus empresas petroleras. Esquipulas II fue sin duda un logro. Pero no cambió estratégicamente la historia. Visto así, en la cuenta personal de Arias se torna vanidad. En algo lleva razón el expresidente. Ojalá los nuevos retratos no se parezcan a algunos de los antiguos.

 

 

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