¿Para cuándo la descentralización, oh, Facio?

La historia nos enseña crudamente una sinonimia secular, pongamos entre los términos: imperialismo, colonialismo, neocolonialismo, centralismo, etnocentrismo, regionalización, pobreza, dependencia, subdesarrollo, abuso y explotación.¿Para

La historia nos enseña crudamente una sinonimia secular, pongamos entre los términos: imperialismo, colonialismo, neocolonialismo, centralismo, etnocentrismo, regionalización, pobreza, dependencia, subdesarrollo, abuso y explotación.

¿Para cuándo hemos de pensar que nos están prometiendo la cesión de poder? ¿O es más bien que ni siquiera nos la han prometido?  ¿Es posible encontrar algún ejemplo histórico de cesión del poder que no haya sido tras una larga lucha organizada?  ¿Hemos de creernos un proceso de desvinculación de la Facio que se constituye en una nueva forma de paternalismo –viejo conocido, llamado ahora regionalismo, folclorismo, regionalización o cualquier otra artimaña para hacer sobrevivir estructuras centralistas que asfixian el desarrollo provincial?

¿Pero, quién lo iba a decir de la Universidad de Costa Rica?  ¿Es posible que la institución emblemática sea un reflejo de la desigualdad social férreamente sostenida y complejamente simbolizada en los procesos ideológicos que mantienen el poder Faciocrático?  O, más bien: ¿es posible que el absoluto control de los procesos ejercido por la Facio no sea un reflejo de la posición histórica opresiva ejercida históricamente sobre las provincias de nuestro país por el poder central? Y todas las estructuras conscientes e inconscientes de la red organizativa se hallan precisamente al servicio del mantenimiento de la farsa igualitaria de la distribución de la riqueza, la educación, los recursos, la especialización.

Sólo nos falta en nuestra situación de ahogamiento actual adquirir la indignidad del sometimiento, es decir, la tentación de creer lo que nos dicen: que esto es así por nuestra situación de minusvalía, y que es transitorio… Minusvalía de postgrados, de tecnócratas, de infraestructuras, en fin, la minusvalía generada por el poder que luego sirve de justificación a ese mismo poder para ejercer una provincianización inmisericorde.

¿Sería posible pensar que pueda llegar por parte del faciocratismo histórico la generosidad de la autodecapitación? ¿Es posible que entiendan los faciócratas que nadie desde San José puede promover el desarrollo de los caminos de polvo de Guanacaste a un ritmo histórico compensatorio de la injusticia distributiva? ¿Para cuándo una cesión de poder en fases organizadas y estrictamente supervisadas de progresiva, real descentralización? Porque el sistema colapsa; su centralismo y etnocentrismo son responsables ante el futuro de la desproporcionada pobreza, del nivel infracompetitivo, del ahogamiento y sometimiento mental de la que durante las elecciones, los medios de comunicación del poder llaman las ‘provincias periféricas’. ¿Qué duda puede caber de que la gente que habita en tal periferia es la llamada a resolver su miseria, su deserción educativa, su desigualdad en todos los ámbitos, su existencia presente y su proyecto?  Qué duda cabe de que allí están las infraestructuras y los seres humanos que lo harán posible, no en el fresco Facio, poder central y representante de un centralismo antidemocrático que ya la historia, los indicadores sociales, hacen insostenible, anacrónico, vergonzante.

Generosidad en la cesión del poder, cuya hora hace tiempo llegó, y cuyo retraso cada día oprime más el desarrollo del conocimiento y la sociedad en las zonas alejadas del Gran Hermano, el ojo que todo lo ve, el padre todopoderoso. Generosidad para iniciar una larga, muy larga serie de procesos que acaben en la desvinculación real y la cesión de la autonomía a las Sedes, única base posible para un futuro diferente. Generosidad, porque solamente tú, ¡oh, Facio!, que tienes el poder de hacerlo, puedes hacerlo, ya que una larga historia de sometimiento impide la protesta radical y organizada de las denominadas provincias periféricas en el ejercicio de sus derechos educativos, y no sólo educativos, aunque quizás esto pueda ser el inicio de todo.

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