¿Procuramos conectarnos con la tierra?

En la biósfera impera la interdependencia y conexión de todos los seres vivos y es por esa razón que tenemos que hacer nuestra

Pocas veces nos preocupamos por mantener contacto con la tierra. Ya sea tierra mojada, seca, arcillosa o negra; el tocarla, olerla y sentirla conlleva a la misma esencia: conectarnos a la naturaleza; es decir, con este hermoso planeta.  Creo que necesito sembrar más plantas, tocar más a los animales y  por qué no, a las mismas personas.

En la biósfera impera la interdependencia y conexión de todos los seres vivos y es por esa razón que tenemos que hacer nuestra parte, asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos del mundo y comprometernos con la protección del equilibro que, por fines de lucro nefastamente manejados, hemos alterado significativamente.

        
    
Muchas veces escucho comentarios fatalistas, de cómo la Tierra se está acabando y de la inutilidad de actuar. Yo no creo en rendirse antes de la batalla, porque eso es perder sin haber comenzado a luchar. El reto de expandir la consciencia ambiental y el compromiso es grande, pero un camino largo no detuvo a Gandhi en su búsqueda pacífica por la sal.

    
Existen numerosas personas, grupos y organizaciones a nivel global están esforzándose por salvar la pacha mama, quizás sus iniciativas no sean siempre titulares en los medios de comunicación, quizás las personas poderosas (en sentido económico) se den cuenta que no existe un capitalismo sostenible y que el dinero no servirá si no hay con qué cúranos el veneno que inventamos con nuestros egos narcisistas e ilusorios.

    
Por ejemplo la finca agroecológica La Flor en Cartago, Costa Rica, Surge como un retoño de esperanza y fe, exponiendo sus pétalos para mostrarnos con belleza y ejemplo que podemos hacer algo. Desde la clasificación del reciclaje de la comida, el cultivo y el uso de plantas medicinales y el cuido de los suelos hasta el empleo de la composta o abono orgánico, mi cuerpo y alma pudieron experimentar no solo el cansancio satisfactorio del honorable trabajo de la tierra, sino el bienestar de estar conectada, ingiriendo alimentos orgánicos reales y sentirme en un estado meditativo y armonioso que me lleno de bienestar.

    
Personas que tienen propuestas alternativas como estas son sensibles al equilibro como lo somos todos y todas, con la diferencia de que comparten una visión muy clara: tomar la tierra con sus manos para respetarla y amarla.

    
Quizás nos hemos atado la soga al cuello. Lo cierto es que está en mis manos y las tuyas dejar de ser cómplices y partícipes, ¿por qué dejar de lado la responsabilidad? Las empresas transnacionales, las monarquías neoliberales y la ideología capitalista son hegemónicas es cierto, pero el cruzarse de manos a esperar que otros y otras hagan algo es como esperar que del cielo caigan limones para la limonada. Te puedes comprometer a re-encontrarte con la tierra, sembrar, cosechar, y recoger los frutos de la armonía, de esa conexión que hemos olvidado, pero que vibra en nuestra alma.

    
Desaprendámonos del principio de propiedad privada, ya que la biosfera tiene límites imaginarios, legales, políticos y demás… pero realmente es imposible que la tierra esté aislada y pertenezca a algunos pocos. Tenemos diferencias humanas, geográficas, climáticas y culturales, lo cual nos permite tener visiones distintas y en la variedad encontrar la riqueza y las soluciones, pero todas y todos somos habitantes de este nicho en el tercer planeta desde el sol. Aprendamos a ampliar nuestro amor, a darlo a todo ser vivo que es parte de nosotros y nosotros de él, porque la vida es solamente una: la de la Tierra. De ella venimos y hacia ella iremos. El corazón de ésta latirá mejor y más fuerte si cuidamos de ella. Y vos ¿estás dispuesto a dejar los guantes para sentirla?

 

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