Resolución de La Haya

La Resolución de la Corte Internacional de Justicia CIJ, con relación al conflicto en Isla Calero, se presta para lecturas que no coinciden, necesariamente,

La Resolución de la Corte Internacional de Justicia CIJ, con relación al conflicto en Isla Calero, se presta para lecturas que no coinciden, necesariamente, con las que motivan la algarabía de los gobernantes de ambos países. Ambos, merced de un texto salomónico, encuentran justificadas razones para atribuirse un triunfo “contundente”.

El origen del conflicto no fue precisamente la apertura del caño que conecta el río San Juan con la laguna Los Portillos; eso fue posterior. El origen de la disputa, el 21 de octubre de 2010, fue la acusación de que las dragas nicas estaban lanzando sedimentos de nuestro lado. Ese hecho no fue corroborado en las medidas cautelares por insuficiencia de la prueba.

Las dudas subsisten sobre el verdadero propósito del Gobierno de Nicaragua para incurrir en una violación al territorio costarricense, que sin duda sabían generaría una reacción inmediata de nuestra parte. Algunos lo atribuyen a los réditos electorales que estos conflictos siempre deparan, por la abundancia de patrioteros anhelantes de una causa común (como efectivamente ocurrió), pero tiendo a pensar que la principal razón es de orden geográfico.Técnicamente, todo intento por reducir costos en la navegación por una vía fluvial, obliga a la búsqueda de la línea más corta y recta entre dos puntos. El excomandante, antes conocido en nuestro país como Cero tico, y más recientemente como Cero topo, escarbó sin escrúpulos el suelo tico, máxime que su fuente de ilustración: “Google”, le incitaba a su proclive temeridad.

La disputa por esa zanja será zanjada por la CIJ más adelante; por ahora, Costa Rica, con algunas salvaguardas, quedó habilitada para enviar civiles a evitar un perjuicio irreparable que se pueda causar al humedal(?). Olvidó la Corte que esta es una zona que recién perdió la virginidad y solo espera que ambos países vuelvan a reivindicarla con su abandono, para que en cosa de meses, los residuos vuelvan a absorber la zanja, reverdezca la floresta, regresen las guacamayas, los pizotes y uno que otro caimán que acostumbraba a explayarse en sus riberas. Entre más de lejos le andemos los humanos, más rápida será su recuperación.

Tuve la oportunidad de vivir en los ochentas en la Barra del Colorado, a pocos kilómetros de ese punto, y jamás imaginé que la disputa de ese pedazo de tierra inhóspita  habría de terminar en el Alto Tribunal de La Haya. Las condiciones topográficas del zócalo insular, la impetuosidad de las olas, el clima, los mosquitos, las serpientes, protegen ese rincón de forma natural; sólo los narcotraficantes, en su arriesgado afán, osan entrar y pernoctar en esa zona.  Para los costarricenses resulta toda una odisea; por mar las corrientes vedan el ingreso, por tierra es pantanoso y por el río, indefectiblemente, el San Juan siempre será vía obligada.

El derecho a dragar el río, verdadera preocupación de ciertos sectores en Costa Rica, quedó incólume. Persistirá el temor, con o sin fundamento, que con ello se reduzca el caudal del río Colorado, se desarrolle turísticamente el lindero norte y/o se construya un canal interoceánico que se preste para una estrategia geopolítica antinorteamericana por parte de los venezolanos, iraníes y sabe Dios cuántas nacionalidades más. Si esa era la idea, se cebó la posibilidad de hacerlo por la laguna los Portillos y deberán seguir la serpentina hasta la desembocadura natural, lo cual encarecerá la obra. Pero, la presencia y las declaraciones del representante taiwanés en ese país, a la luz del fallo de la Corte, así como el resentimiento que guardan hacia Costa Rica, podría suplir con creces la diferencia de ese costo. Especulaciones nada más.

Costa Rica recupera una precaria posesión temporal y civil sobre el espacio usurpado, los nicas continuarán con el dragado. Lo que queda es adivinar: ¿Qué pasará con los dos mil soldados costarricenses que Tijerino envió a la zona. Los devolverá a cumplir una función más útil en seguridad ciudadana o creará un cordón permanente como las Coreas en el paralelo 38.  ¿Aceptará doña Laura volverse a tomar una Imperial o una Toña con Daniel Ortega? Eso está por verse.

De lo que sí estamos absolutamente seguros es que este Fallo ha sido un tapabocas para quienes entonaban el réquiem para la jurisdicción y los organismos internacionales y para quienes interpretan que abjurar de las armas es sinónimo de indefensión o cobardía. Afortunadamente, serán esos  gladiadores de Cornflex que soñaban con morterazos y ambulancias, quienes con este Fallo deberán lucir un lazo negro es sus solapas y regresar al clóset sus ímpetus febriles por la “Patria”. Al menos, durante los cinco años en que debamos esperar para la resolución final.

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