Respuesta al historiador

Publicó el historiador Iván Molina el pasado 5 de diciembre en el diario La Nación, un artículo titulado Revolucionarios con capucha, con el propósito

Publicó el historiador Iván Molina el pasado 5 de diciembre en el diario La Nación, un artículo titulado Revolucionarios con capucha, con el propósito de relatar algunas impresiones sobre lo que él denominó “toma” del edificio de Ciencias Sociales de la UCR y del cual, lo único que agradezco es que se haya visibilizado el acontecimiento, cuando por alguna razón quedó en el silencio.

El problema se presenta desde el inicio, porque comienza con dos imprecisiones: 1) el edificio no fue “tomado”, porque la policía se encontraba dentro de él y tenía a cargo una entrada-salida de emergencia y 2) señalar solamente “encapuchados”, negaría que al menos la mitad del movimiento se encontraba sin capucha y que había mujeres.

Y después el show del historiador que levantaría enaguas y peluquines de los más desacostumbrados a estas acciones nada nuevas: “forzó a administrativos, docentes y estudiantes a desocupar”. En el edificio generosamente habría al menos 200 personas contra las 30 del movimiento (desarmados (as)) y con las unidades policiales adentro y en los alrededores, incluso manteniendo conversaciones con “los encapuchados” y colaborando con la salida de esos mismos docentes, administrativos (as) y estudiantes que Molina refiere: ¿forzaron?

Otra imprecisión: “los encapuchados” protestaban solamente por el programa PAIS (la única que señala). Seguro no se detuvo siquiera a conversar o estudiar la situación,  porque las demandas y sus posibles vías de establecimiento fueron múltiples y se plantearon en una reunión, que contó con presencia del sindicato universitario y funcionarios de la universidad. Tampoco cuenta esto, por cierto… el historiador.

El “perdón” provenido de la cultura de impunidad de Molina (aunque no nos diga con nombres y apellidos a quién se refiere, para ver a qué sectores y sujetos señala abiertamente, para analizar mejor su apunte), fue metafísico, inercial o iluminado por el espíritu santo, dados los tiempos navideños.

Pero lo preocupante de la nota: Molina compara la acción de “los encapuchados” y su discurso con ¡la violencia y discurso del imperialismo estadounidense! (aquí sí indica a quién se refiere, quizá porque la OTAN no bombardeará su casa), de previo agregando la palabra “prevención” (¿?), para legitimar su propio discurso y señalar que eso no fue un acto de protesta social y poder así condenarlo. Ahora, este ejercicio analítico y discursivo a mí sí se me parece al de USA y las clases dominantes locales, para deslegitimar todas las re-acciones (con sus distintos niveles de violencia), que poseen los sectores sociales para protestar.

De suyo, el historiador se arroga la potestad de homogenizar el movimiento en “encapuchados” y ¡delincuentes! (al mejor estilo yankee con sus comunistas y terroristas). Pero bueno, su interés no era analizar los distintos tipos de violencia (y sus discursos) según los actores sociales y las relaciones situacionales y sistémicas que los mediatizan, sino castigar a los malditos delincuentes… como USA.

Finalmente, el recurso de la violación de derechos: el ethos individualista del liberalismo en la monadización del imaginario individuo (“mi derecho llega hasta donde el del otro comienza”) y el sesgo atomicista e inmediatista del análisis político (solo aparece una fuerza-actor social en escenarios espacio-temporalmente aislados) son los fundamentos subyacentes.

Así, “ni pa’l pinto”, porque necesitaríamos una sociedad homogénea y sin conflicto para oxigenar los comentarios del historiador, quizá en otra galaxia aún no estudiada por él. Habría sido de más provecho para su nota y para la mía, reflexionar sobre las limitaciones de las tácticas utilizadas en coyuntura por el grupo de protesta, para prevenir (¡ahora sí!) el impacto negativo a nivel cultural y político, que la misma generó hacia otros actores sociales que luchan y ellos mismos (as), entre otros temas.

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